—No, respondió Vidriera, sino que sabe cada uno de vosotros mas pecados que un confesor; mas es con esta diferencia, que el confesor los sabe para tenerlos secretos, y vosotros para publicarlos por las tabernas.
Oyó esto un mozo de mulas, porque de todo género de gente le estaba escuchando contino, y díjole:
—De nosotros, señor Redoma, poco ó nada hay que decir, porque somos gente de bien y necesaria en la república.
Á lo cual respondió Vidriera:
—La honra del amo descubre la del criado; segun esto: mira á quién sirves, y verás cuán honrado eres: mozos sois vosotros de la mas ruin canalla que sustenta la tierra: una vez, cuando no era de vidrio, caminé una jornada en una mula de alquiler, tal que le conté ciento y veinte y una tachas, todas capitales y enemigas del género humano: todos los mozos de mulas tienen su punta de rufianes, su punta de cacos, y su es no es de truhanes: si sus amos (que así llaman ellos á los que llevan en sus mulas) son boquimuelles, hacen mas suertes en ellos que las que echaron en esta ciudad los años pasados: si son estranjeros, los roban; si estudiantes, los maldicen; si religiosos, los reniegan; y si soldados, los tiemblan: estos, y los marineros, y carreteros, y arrieros, tienen un modo de vivir estraordinario, y solo para ellos: el carretero pasa lo mas de la vida en espacio de vara y media de lugar, que poco mas debe de haber del yugo de las mulas á la boca del carro; canta la mitad del tiempo, y la otra mitad reniega; y en decir, háganse á zaga, se les pasa otra muy gran parte; y si acaso les queda por sacar alguna rueda de algun atolladero, mas se ayudan de dos pésetes que de tres mulas. Los marineros son gente gentil é inurbana, que no sabe otro lenguaje que el que se usa en los navíos: en la bonanza son diligentes, y en la borrasca perezosos; en la tormenta mandan muchos y obedecen pocos; su Dios es su arca y su rancho, y su pasatiempo ver mareados á los pasajeros. Los arrieros son gente que ha hecho divorcio con las sábanas y se ha casado con las enjalmas; son tan diligentes y presurosos, que á trueco de no perder la jornada, perderán el alma; su música es la del mortero; su salsa la hambre; sus maitines levantarse á dar sus piensos, y sus misas no oir ninguna.
Cuando esto decia estaba á la puerta de un boticario, y volviéndose al dueño, le dijo:
—Vuesa merced tiene un saludable oficio, si no fuese tan enemigo de sus candiles.
—¿En qué modo soy enemigo de mis candiles? preguntó el boticario.
Y respondió Vidriera:
—Esto digo, porque en faltando cualquiera aceite, lo suple el del candil que está mas á mano; y aun tiene otra cosa este oficio, bastante á quitar el crédito al mas acertado médico del mundo.