Y subiéndose mas en cólera, dijo: que mirasen en ello, y verian que de muchos santos, que de pocos años á esta parte habia canonizado la Iglesia y puesto en el número de los bienaventurados, ninguno se llamaba el capitan don fulano, ni el secretario don tal de don tales, ni el conde, marqués ó duque de tal parte; sino fray Diego, fray Jacinto, fray Raimundo, todos frailes y religiosos; porque las religiones son los Aranjueces del cielo, cuyos frutos de ordinario se ponen en la mesa de Dios.
Decia que las lenguas de los murmuradores eran como las plumas del águila, que roen y menoscaban todas las de las otras aves que á ellas se juntan. De los gariteros y tahures decia milagros: decia que los gariteros eran públicos prevaricadores, porque en sacando el barato del que iba haciendo suertes, deseaban que perdiese, y pasase el naipe adelante, porque el contrario las hiciese, y él cobrase sus derechos. Alababa mucho la paciencia de un tahur, que estaba toda una noche jugando y perdiendo; y con ser de condicion colérico y endemoniado, á trueco de que su contrario no se alzase, no descosia la boca, y sufria lo que un mártir de Barrabas. Alababa tambien las conciencias de algunos honrados gariteros, que ni por imaginacion consentian que en su casa se jugase otros juegos, que polla y cientos; y con esto á fuego lento, sin temor y nota de malsines sacaban al cabo del mes mas barato que los que consentian los juegos de estocada, del reparólo, siete y llevar, y pinta en la del punto.
En resolucion, él decia tales cosas, que si no fuera por los grandes gritos que daba cuando le tocaban ó á él se arrimaban, por el hábito que traia, por la estrecheza de su comida, por el modo con que bebia, por el no querer dormir sino al cielo abierto en el verano, y el invierno en los pajares, como queda dicho, con que daba tan claras señales de su locura, ninguno pudiera creer sino que era uno de los mas cuerdos del mundo. Dos años ó poco mas duró en esta enfermedad, porque un religioso de la órden de San Jerónimo, que tenia gracia y ciencia particular en hacer que los mudos entendiesen y en cierta manera hablasen, y en curar locos, tomó á su cargo de curar á Vidriera, movido de caridad, y le curó y sanó, y volvió á su primer juicio, entendimiento y discurso; y así como le vió sano, le vistió como á letrado, y le hizo volver á la corte, adonde con dar tantas muestras de cuerdo, como las habia dado de loco, podia usar su oficio, y hacerse famoso por él.
Hízolo así, y llamándose el licenciado Rueda, no Rodaja, volvió á la corte, donde apénas hubo entrado, cuando fué conocido de los muchachos; mas cuando le vieron en tan diferente hábito del que solia, no le osaron dar grita ni hacer preguntas; pero seguíanle, y decian unos á otros: ¿Este no es el loco Vidriera? á fe que es él: ya viene cuerdo, pero tambien puede ser loco bien vestido como mal vestido: preguntémosle algo, y salgamos desta confusion. Todo esto oia el Licenciado, y callaba, y iba mas confuso y mas corrido que cuando estaba sin juicio.
Pasó el conocimiento de los muchachos á los hombres, y ántes que el Licenciado llegase al patio de los Consejos, llevaba tras de sí mas de doscientas personas de todas suertes. Con este acompañamiento, que era mas que el de un catedrático, llegó al patio donde le acabaron de circundar cuantos en él estaban. Él, viéndose con tanta turba á la redonda, alzó la voz, y dijo:
—Señores, yo soy el licenciado Vidriera, pero no el que solia: soy ahora el licenciado Rueda: sucesos y desgracias que acontecen en el mundo por permision del cielo me quitaron el juicio, y las misericordias de Dios me le han vuelto: por las cosas que dicen que dije cuando loco, podeis considerar las que diré cuando cuerdo: yo soy graduado en leyes por Salamanca, adonde estudié con pobreza, y adonde llevé segundo en licencias, de do se puede inferir que mas la virtud que el favor me dió el grado que tengo: aquí he venido á este gran mar de la corte para abogar y ganar la vida, pero si no me dejais, habré venido á bogar y granjear la muerte: por amor de Dios, que no hagais que el seguirme sea perseguirme, y que lo que alcancé por loco, que es el sustento, lo pierda por cuerdo: lo que solíades preguntarme en las plazas, preguntádmelo ahora en mi casa, y veréis que el que os respondia bien de improviso, os responderá mejor de pensado.
Escucháronle todos, y dejáronle algunos. Volvióse á su posada con poco ménos acompañamiento que habia llevado. Salió otro dia, y fué lo mismo: hizo otro sermon, y no sirvió de nada. Perdia mucho, y no ganaba cosa, y viéndose morir de hambre, determinó de dejar la corte y volverse á Flándes, donde pensaba valerse de las fuerzas de su brazo, pues no se podia valer de las de su ingenio; y poniéndolo en efecto, dijo al salir de la corte:
—¡Oh corte, que alargas las esperanzas de los atrevidos pretendientes, y acortas las de los virtuosos encogidos; sustentas abundantemente á los truhanes desvergonzados, y matas de hambre á los discretos vergonzosos!
Esto dijo, y se fué á Flándes, donde la vida que habia comenzado á eternizar por las letras, la acabó de eternizar por las armas en compañía de su buen amigo el capitan Valdivia, dejando fama en su muerte de prudente y valentísimo soldado.