Y así hecho este soliloquio, no una vez sino ciento, al cabo de algunos dias habló con los padres de Leonora, y supo cómo, aunque pobres, eran nobles, y dándoles cuenta de su intencion y de la calidad de su persona y hacienda, les rogó muy encarecidamente le diesen por mujer á su hija. Ellos le pidieron tiempo para informarse de lo que decia, y que él tambien le tendria para enterarse ser verdad lo que de su nobleza le habian dicho.

Despidiéronse, informáronse las partes, y hallaron ser ansí lo que entrambos dijeron; y finalmente, Leonora quedó por esposa de Carrizales, habiéndola dotado primero en veinte mil ducados: tal estaba de abrasado el pecho del celoso viejo. El cual apénas dió el sí de esposo, cuando de golpe le embistió un tropel de rabiosos celos, y comenzó sin causa alguna á temblar, y á tener mayores cuidados que jamas habia tenido: y la primera muestra que dió de su condicion celosa, fué no querer que sastre alguno tomase la medida á su esposa de los muchos vestidos que pensaba hacerle; y así anduvo mirando cuál otra mujer tendria poco mas ó ménos el talle y cuerpo de Leonora, y halló una pobre á cuya medida hizo hacer una ropa, y probándosela su esposa, halló que le venia bien, y por aquella medida hizo los demas vestidos, que fueron tantos y tan ricos, que los padres de la desposada se tuvieron por mas que dichosos en haber acertado con tan buen yerno para remedio suyo y de su hija. La niña estaba asombrada de ver tantas galas, á causa que las que ella en su vida se habia puesto, no pasaban de una saya de raja y una ropilla de tafetan.

La segunda señal que dió Felipe, fué no querer juntarse con su esposa hasta tenerla puesta casa aparte, la cual aderezó en esta forma. Compró una en doce mil ducados en un barrio principal de la ciudad, que tenia agua de pié y jardin con muchos naranjos: cerró todas las ventanas que miraban á la calle, y dióles vista al cielo, y lo mismo hizo de todas las otras de casa: en el portal de la calle, que en Sevilla llaman casapuerta, hizo una caballeriza para una mula, y encima della un pajar y apartamiento, donde estuviese el que habia de curar della, que fué un negro viejo y eunuco: levantó las paredes de las azoteas de tal manera que el que entraba en la casa habia de mirar al cielo por línea recta, sin que pudiese ver otra cosa: hizo torno que de la casapuerta respondia al patio.

Compró un rico menaje para adornar la casa, de modo que por tapicerías, estrados y doseles ricos, mostraba ser de un gran señor: compró asimismo cuatro esclavas blancas, y herrólas en el rostro, y otras dos negras bozales.

Concertóse con un despensero que le trujese y comprase de comer, con condicion que no durmiese en casa, ni entrase en ella, sino hasta el torno, por el cual habia de dar lo que trujese: hecho esto, dió parte de su hacienda á censo, situada en diversas y buenas partes: otra puso en el Banco, y quedóse con alguna para lo que se le ofreciese: hizo asimismo llave maestra para toda la casa, y encerró en ella todo lo que suele comprarse en junto y en sus sazones para la provision de todo el año; y teniéndolo todo así aderezado y compuesto, se fué á casa de sus suegros, y pidió á su mujer, que se la entregaron no con pocas lágrimas, porque les pareció que la llevaban á la sepultura.

La tierna Leonora aun no sabia lo que la habia acontecido, y así llorando con sus padres, les pidió su bendicion, y despidiéndose dellos, rodeada de sus esclavas y criadas, asida de la mano de su marido, se vino á su casa, y entrando en ella les hizo Carrizales un sermon á todas, encargándoles la guarda de Leonora, y que por ninguna via ni en ningun modo dejasen entrar á nadie de la segunda puerta adentro, aunque fuese el negro eunuco: y á quien mas encargó la guarda y regalo de Leonora, fué á una dueña de mucha prudencia y gravedad, que recebió como para aya de Leonora, y para que fuese superintendente de todo lo que en la casa se hiciese, y para que mandase á las esclavas y á otras dos doncellas de la misma edad de Leonora, que para que se entretuviese con las de sus mismos años asimismo habia recebido.

Prometióles que las trataria y regalaria á todas de manera que no sintiesen su encerramiento, y que los dias de fiesta todos, sin faltar ninguno, irian á oir misa, pero tan de mañana, que apénas tuviese la luz lugar de verlas. Prometiéronle las criadas y esclavas de hacer todo aquello que les mandaba, sin pesadumbre, con pronta voluntad y buen ánimo: y la nueva esposa, encogiendo los hombros, bajó la cabeza, y dijo que ella no tenia otra voluntad que la de su esposo y señor, á quien estaba siempre obediente.

Hecha esta prevencion, y recogido el buen estremeño en su casa, comenzó á gozar como pudo los frutos del matrimonio, los cuales á Leonora, como no tenia esperiencia de otros, ni eran gustosos ni desabridos, y así pasaba el tiempo con su dueña, doncellas y esclavas; y ellas por pasarle mejor dieron en ser golosas, y pocos dias se pasaban sin hacer mil cosas, á quien la miel y el azúcar hacen sabrosas. Sobrábales para esto en grande abundancia lo que habian menester, y no ménos sobraba en su amo la voluntad de dárselo, pareciéndole que con ello las tenia entretenidas y ocupadas, sin tener lugar donde ponerse á pensar en su encerramiento.

Leonora andaba á lo igual con sus criadas, y se entretenia en lo mismo que ellas, y aun dió con su simplicidad en hacer muñecas, y en otras niñerías que mostraban la llaneza de su condicion y la terneza de sus años: todo lo cual era de grandísima satisfaccion para el celoso marido, pareciéndole que habia acertado á escoger la vida mejor que se la supo imaginar, y que por ninguna via la industria ni la malicia humana podia perturbar su sosiego; y así solo se desvelaba en traer regalos á su esposa, y en acordarle le pidiese todos cuantos le viniesen al pensamiento, que de todos seria servida.

Los dias que iba á misa, que como está dicho era entre dos luces, venian sus padres, y en la iglesia hablaban á su hija delante de su marido, el cual les daba tantas dádivas, que aunque tenian lástima de su hija por la estrecheza en que vivia, la templaban con las muchas dádivas que Carrizales, su liberal yerno, les daba.