Volvióse á la posada lleno de confusion y de tristeza, halló al que ya tenia por amo con no ménos pesadumbre que él traia, á quien dijo de la manera que quedaba su compañero, y del peligro de muerte en que estaba el herido, y del suceso de su asno: díjole mas, que á su desgracia se le habia añadido otra de no menor fastidio, y era que un grande amigo de su señor le habia encontrado en el camino, y le habia dicho que su señor por ir muy de priesa y ahorrar dos leguas de camino, desde Madrid habia pasado por la barca de Aceca, y que aquella noche dormia en Orgaz, y que le habia dado doce escudos que le diese, con órden de que se fuese á Sevilla, donde le esperaba.

—Pero no puede ser así, añadió Tomas, pues no será razon que yo deje á mi amigo y camarada en la cárcel y en tanto peligro: mi amo me podrá perdonar por ahora, cuanto mas que él es tan bueno y honrado, que dará por bien cualquier falta que le hiciere, á trueco que no la haga á mi camarada: vuesa merced, señor amo, me la haga de tomar este dinero, y acudir á este negocio; y en tanto que este se gasta, yo escribiré á mi señor lo que pasa, y sé que me enviará dineros que basten á sacarnos de cualquier peligro.

Abrió los ojos de un palmo el huésped, alegre de ver que en parte iba saneando la pérdida de su asno: tomó el dinero y consoló á Tomas, diciéndole que él tenia personas en Toledo de tal calidad, que valian mucho con la justicia, especialmente una señora monja, parienta del corregidor, que le mandaba con el pié, y que una lavandera del monasterio de la tal monja tenia una hija que era grandísima amiga de una hermana de un fraile muy familiar y conocido del confesor de la dicha monja: la cual lavandera lavaba la ropa en casa.

—Y como esta pida á su hija, que sí pedirá, hable á la hermana del fraile, que hable á su hermano que hable al confesor, y el confesor á la monja, y la monja guste de dar un billete (que será cosa fácil) para el corregidor, donde le pida encarecidamente mire por el negocio de Tomas, sin duda alguna se podrá esperar buen suceso: y esto ha de ser con tal que el aguador no muera, y con que no falte ungüento para untar á todos los ministros de la justicia, porque si no están untados, gruñen mas que carretas de bueyes.

En gracia le cayó á Tomas los ofrecimientos del favor que su amo le habia hecho, y los infinitos y revueltos arcaduces por donde le habia derivado; y aunque conoció que ántes lo habia dicho de socarron, que de inocente, con todo eso le agradeció su buen ánimo, y le entregó el dinero con promesa que no faltaria mucho mas, segun él tenia la confianza en su señor, como ya le habia dicho.

La Argüello, que vió atraillado á su nuevo cuyo, acudió luego á la cárcel á llevarle de comer; mas no se le dejaron ver, de que ella volvió muy sentida y mal contenta, pero no por esto desistió de su buen propósito.

En resolucion, dentro de quince dias estuvo fuera de peligro el herido, y á los veinte declaró el cirujano que estaba del todo sano: y ya en este tiempo habia dado traza Tomas como le viniesen cincuenta escudos de Sevilla, y sacándolos él de su seno, se los entregó al huésped con cartas y cédula fingida de su amo; y como al huésped le iba poco en averiguar la verdad de aquella correspondencia, cogia el dinero, que por ser en escudos de oro le alegraba mucho.

Por seis ducados se apartó de la querella el herido; en diez y en el asno y las costas sentenciaron al asturiano. Salió de la cárcel, pero no quiso volver á estar con su compañero, dándole por disculpa que en los dias que habia estado preso le habia visitado la Argüello y requerídole de amores, cosa para él de tanta molestia y enfado, que ántes se dejara ahorcar que corresponder con el deseo de tan mala hembra; que lo que pensaba hacer era, ya que él estaba determinado de seguir y pasar adelante con su propósito, comprar un asno y usar el oficio de aguador en tanto que estuviesen en Toledo, que con aquella cubierta no seria juzgado ni preso por vagamundo, y sin eso era oficio que con mucho descanso y comodidad suya podia usar, pues que con sola una carga de agua se podia andar todo el dia por la ciudad á sus anchuras mirando bobas.

—Antes mirarás hermosas que bobas en esta ciudad, que tiene fama de tener las mas discretas mujeres de España, y que andan á una su discrecion con su hermosura; y si no, míralo por Costancica, de cuyas sobras de belleza puede enriquecer no solo á las hermosas desta ciudad, sino á las de todo el mundo.

—Paso, señor Tomas, replicó Lope, vamos poquito á poquito en esto de las alabanzas de la señora fregona, si no quiere que como le tengo por loco, le tenga por hereje.