Llegue á tanto

Tu limpia fe y esperanza,

Que en sabiéndolo Costanza

Convierta en risa tu llanto.

—¿Hay mas? dijo la huéspeda.

—No, respondió el marido; pero ¿qué os parece destos versos?

—Lo primero, dijo ella, es menester averiguar si son de Tomas.

—En eso no hay que poner duda, replicó el marido, porque la letra de la cuenta de la cebada y la de las coplas, toda es una, sin que se pueda negar.

—Mirad, marido, dijo la huéspeda, á lo que yo veo, puesto que las coplas nombran á Costancica, por donde se puede pensar que se hicieron para ella, no por eso lo habemos de afirmar nosotros por verdad como si se los viéramos escribir: cuanto mas, que otras Costanzas que la nuestra hay en el mundo; pero ya que sea por esta, ahí no le dice nada que la deshonre, ni la pide cosa que le importe. Estemos á la mira, y avisemos á la muchacha, que si él está enamorado della, á buen seguro que él haga mas coplas y que procure dárselas.

—¿No seria mejor, dijo el marido, quitarnos desos cuidados, y echarle de casa?