—Baje vuesa merced, señor pariente, que aquí no le aguardan osos ni leones.

Bajó Tomas, y con los ojos bajos y sumision grande se hincó de rodillas ante su padre, el cual le abrazó con grandísimo contento, á fuer del que tuvo el padre del hijo pródigo cuando le cobró de perdido.

Ya en esto habia venido un coche del corregidor para volver en él, pues la gran fiesta no permitia volver á caballo. Hizo llamar á Costanza, y tomándola de la mano, se la presentó á su padre, diciendo:

Recebid, señor don Diego, esta prenda, y estimadla por la mas rica que acertárades á desear; y vos, hermosa doncella, besad la mano á vuestro padre, y dad gracias á Dios, que con tan honrado suceso ha enmendado, subido y mejorado la bajeza de vuestro estado.

Costanza, que no sabia ni imaginaba lo que le habia acontecido, toda turbada y temblando no supo hacer otra cosa que hincarse de rodillas ante su padre, y tomándole las manos, se las comenzó á besar tiernamente, bañándoselas con infinitas lágrimas, que por sus hermosísimos ojos derramaba.

En tanto que esto pasaba, habia persuadido el corregidor á su primo D. Juan que se viniesen todos con él á su casa; y aunque D. Juan lo rehusaba, fueron tantas las persuasiones del corregidor, que lo hubo de conceder; y así entraron en el coche todos; pero cuando dijo el corregidor á Costanza que entrase tambien en el coche, se le anubló el corazon, y ella y la huéspeda se asieron una á otra, y comenzaron á hacer tan amargo llanto, que quebraba los corazones de cuantos le escuchaban. Decia la huéspeda:

—¿Cómo es esto, hija de mi corazon, que te vas y me dejas? ¿Cómo tienes ánimo de dejar á esta madre, que con tanto amor te ha criado?

Costanza lloraba, y la respondia con no ménos tiernas palabras. Pero el corregidor enternecido, mandó que asimismo la huéspeda entrase en el coche, y que no se apartase de su hija, pues por tal la tenia, hasta que saliese de Toledo. Así la huéspeda y todos entraron en el coche, y fueron á casa del corregidor, donde fueron bien recebidos de su mujer, que era una principal señora. Comieron regalada y suntuosamente, y despues de comer contó Carriazo á su padre cómo por amores de Costanza D. Tomas se habia puesto á servir en el meson, y que estaba enamorado de tal manera della, que sin que le hubiera descubierto ser tan principal como era, siendo su hija, la tomara por mujer en el estado de fregona. Vistió luego la mujer del corregidor á Costanza con unos vestidos de una hija que tenia en la misma edad y cuerpo de Costanza; y si parecia hermosa con los de labradora, con los cortesanos parecia cosa del cielo: tan bien la cuadraban, que daba á entender que desde que nació habia sido señora, y usado los mejores trajes que el uso trae consigo.

Pero entre tantos alegres, no pudo faltar un triste, que fué D. Pedro, el hijo del corregidor, que luego se imaginó que Costanza no habia de ser suya, y así fué la verdad; porque entre el corregidor, y D. Diego de Carriazo, y D. Juan de Avendaño se concertaron en que D. Tomas se casase con Costanza, dándole su padre los treinta mil escudos que su madre le habia dejado; y el aguador D. Diego de Carriazo casase con la hija del corregidor, y D. Pedro, el hijo del corregidor, con una hija de D. Juan de Avendaño, que su padre se ofrecia á traer dispensacion del parentesco.

Desta manera quedaron todos contentos, alegres y satisfechos; y la nueva de los casamientos y de la ventura de la Fregona ilustre se estendió por la ciudad, y acudia infinita gente á ver á Costanza en el nuevo hábito, en el cual tan señora se mostraba como se ha dicho. Vieron al mozo de la cebada Tomas Pedro vuelto en D. Tomas de Avendaño, y vestido como señor: notaron que Lope asturiano era muy gentilhombre despues que habia mudado vestido, y dejado el asno y las aguaderas: pero con todo eso no faltaba quien en el medio de su pompa, cuando iba por la calle no le pidiese la cola.