»—Pues ¿quién ha de decir cosa que os ofenda, y mas estando yo delante? decidme qué gente es esta, que me parece que os ha alborotado su venida.
»—No tengo lugar de responderos, dijo Doña Estefanía; solo sabed que todo lo que aquí pasare es fingido, y que tira á cierto designio y efecto que despues sabréis.
»Y aunque quisiera replicarle á esto, no me dió lugar la señora Doña Clementa Bueso, que se entró en la sala, vestida de raso verde prensado, con muchos pasamanos de oro, capotillo de lo mismo y con la misma guarnicion, sombrero con plumas verdes, blancas y encarnadas, y con rico cintillo de oro, y con un delgado velo cubierto la mitad del rostro. Entró con ella el señor D. Lope Melendez de Almendarez, no ménos bizarro, que ricamente vestido de camino. La dueña Hortigosa fué la primera que habló, diciendo:
»—¡Jesus! ¿Qué es esto? ¡Ocupado el lecho de mi señora Doña Clementa, y mas con ocupacion de hombre! milagros veo hoy en esta casa: á fe que se ha ido bien del pié á la mano la señora Doña Estefanía, fiada en la amistad de mi señora.
»—Yo te lo prometo, Hortigosa, replicó Doña Clementa; pero yo, yo me tengo la culpa: ¡que jamas escarmiente yo en tomar amigas, que no lo saben ser sino es cuando les viene á cuento!
»Á todo lo cual respondió Doña Estefanía:
»—No reciba vuesa merced pesadumbre, mi señora Doña Clementa Bueso, y entienda que no sin misterio ve lo que ve en esta su casa, que cuando lo sepa, yo sé que quedaré disculpada y vuesa merced sin ninguna queja.
»En esto ya me habia puesto yo en calzas y en jubon, y tomándome Doña Estefanía por la mano, me llevó á otro aposento, y allí me dijo, que aquella su amiga queria hacer una burla á aquel D. Lope que venia con ella, con quien pretendia casarse, y que la burla era darle á entender que aquella casa y cuanto estaba en ella era todo suyo, de lo cual pensaba hacerle carta de dote; y que hecho el casamiento, se le daba poco que se descubriese el engaño, fiada en el grande amor que el D. Lope la tenia.
»—Y luego se me volverá lo que es mio, y no se le tendrá á mal á ella ni á otra mujer alguna, de que procure buscar marido honrado, aunque sea por medio de cualquier embuste.
»Yo le respondí que era grande estremo de amistad el que queria hacer, y que primero se mirase bien en ello, porque despues podria ser tener necesidad de valerse de la justicia para cobrar su hacienda. Pero ella me respondió con tantas razones, representando tantas obligaciones que la obligaban á servir á Doña Clementa, aun en cosas de mas importancia, que mal de mi grado y con remordimiento de mi juicio hube de condescender con el gusto de Doña Estefanía; asegurándome ella que solos ocho dias podia durar el embuste, los cuales estaríamos en casa de otra amiga suya.