Habiendo salido aquel día Costanza con una toca ceñida por las mejillas, y dicho a quien se lo preguntó que por qué se la había puesto, que tenía un gran dolor de muelas, Tomás, a quien sus deseos avivaban el entendimiento, en un instante discurrió lo que sería bueno que hiciese, y dijo:

--Señora Costanza, yo le daré una oración en escrito que a dos veces que la rece, se le quitará como con la mano su dolor.

--Norabuena--respondió Costanza--; que yo la rezaré, porque sé leer.

--Ha de ser con condición--dijo Tomás--, que no la ha de mostrar a nadie; porque la estimo en mucho, y no será bien que por saberla muchos se menosprecie.

--Yo le prometo--dijo Costanza--, Tomás, que no la dé a nadie; y démela luego, porque me fatiga mucho el dolor.

--Yo la trasladaré de la memoria--respondió Tomás--, y luego se la daré.

Estas fueron las primeras razones que Tomás dijo a Costanza y Costanza a Tomás en todo el tiempo que había que estaba en casa, que ya pasaban de veinticuatro días. Retiróse Tomás, y escribió la oración, y tuvo lugar de dársela a Costanza sin que nadie lo viese, y ella, con mucho gusto y más devoción, se entró en un aposento a solas, y abriendo el papel, vió que decía desta manera:

"Señora de mi alma: Yo soy un caballero natural de Burgos; si alcanzo de días a mi padre, heredo un mayorazgo de seis mil ducados de renta. A la fama de vuestra hermosura, que por muchas leguas se extiende, dejé mi patria, mudé vestido, y en el traje que me veis, vine a servir a nuestro dueño; si vos lo quisiéredes ser mío, por los medios que más a vuestra honestidad convengan, mirad qué pruebas queréis que haga para enteraros desta verdad; y enterada en ella, siendo gusto vuestro, seré vuestro esposo y me tendré por el más bien afortunado del mundo."

En tanto que Tomás entendió que Costanza se había ido a leer su papel, le estuvo palpitando el corazón, temiendo y esperando, o ya la sentencia de su muerte, o la restauración de su vida. Salió, en esto, Costanza, tan hermosa, aunque rebozada, que si pudiera recebir aumento su hermosura con algún accidente se pudiera juzgar que el sobresalto de haber visto en el papel de Tomás otra cosa tan lejos de la que pensaba había acrecentado su belleza. Salió con el papel entre las manos hecho menudas piezas, y dijo a Tomás:

--Hermano Tomás, esta tu oración más parece hechicería y embuste que oración santa, y así, yo no la quiero creer ni usar della, y por eso la he rasgado, porque no la vea nadie que sea más crédula que yo. Aprende otras oraciones más fáciles, porque ésta será imposible que te sea de provecho.