CHANFALLA.--Siéntense todos; el Retablo ha de estar detrás de este repostero, y la autora también.

GOBERNADOR.--El señor Montiel comience su obra.

BENITO.--Poca balumba trae este autor para tan gran Retablo.

JUAN.--Todo debe de ser de maravillas.

CHANFALLA.--Atención, señores, que comienzo:--¡Oh tú, quienquiera que fuiste, que fabricaste este Retablo con tan maravilloso artificio, que alcanzó renombre de las Maravillas! Por la virtud que en él se encierra, te conjuro, apremio y mando que luego incontinente muestres a estos señores algunas de las tus maravillosas maravillas, para que se regocijen y tomen placer, sin escándalo alguno. Ea, que ya veo que has otorgado mi petición, pues por aquella parte asoma la figura del valentísimo Sansón, abrazado con las colunas del templo, para derriballe por el suelo y tomar venganza de sus enemigos. ¡Tente, valeroso caballero, tente, por la gracia de Dios Padre; no hagas tal desaguisado, porque no cojas debajo y hagas tortilla tanto y tan noble gente como aquí se ha juntado!

BENITO.--¡Véngase, cuerpo de tal, conmigo! Bueno sería que, en lugar de habernos venido a holgar, quedásemos aquí hechos plasta. ¡Téngase, señor Sancho, pesia a mis males, que se lo ruegan buenos!

CAPACHO.--¿Veisle vos, Tostado?

JUAN.--Pues ¿no le había de ver? ¿Tengo yo los ojos en el colodrillo?