S.2.° ¿No oyes un ruido, amigo? Di, ¿no viste
El rayo ardiente que pasó volando?
Presagio verdadero de esto fuiste.
S.1.° Turbado estoy; de miedo estoy temblando.
¡Oh qué señales!, a lo que yo veo,
¡Qué amargo fin están pronosticando!
¿No ves un escuadrón airado y feo?
¿Vees unas águilas feas que pelean
Con otras aves en marcial rodeo?
S.2.° Sólo su esfuerzo y su rigor emplean
En encerrar las aves en un cabo,
Y con astucia y arte las rodean.
S.1.° Tal señal vitupero y no la alabo,
¿Aguilas imperiales vencedoras?
¡Tú verás de Numancia presto el cabo!
S.2.° Aguilas, de gran mal anunciadoras,
Partíos, que ya el agüero vuestro entiendo,
Ya en efecto contadas son las horas.
S.1.° Con todo, el sacrificio hacer pretendo
De esta inocente víctima, guardada
Para pagar el dios del gesto horrendo.
S.2.° ¡Oh gran Plutón, a quien por suerte dada
Le fué la habitación del reino oscuro
Y el mando en la infernal triste morada!
Atapa la profunda escura boca
Por do salen las tres fieras hermanas
A hacernos el daño que nos toca,
Y sian de dañarnos tan livianas
Sus intenciones, que las lleve el viento,
Como se lleva el pelo de estas lanas.

Quita algunos pelos del carnero y échalos al aire.

S.1.° Y ansí como te baño y ensangriento
Este cuchillo en esta sangre pura,
Con alma limpia y limpio pensamiento,
Ansí la tierra de Numancia dura
Se bañe con la sangre de romanos,
Y aun los sirva también de sepoltura.

Sale por el hueco del tablado un DEMONIO hasta el medio cuerpo, y ha de arrebatar el carnero y volverse a disparar el fuego y todos los sacrificios.

S.2.° Mas ¿quién me ha arrebatado de las manos
La víctima? ¿Qué es esto, dioses santos?
¿Qué prodigios son estos tan insanos?
No os han enternecido ya los llantos
Deste pueblo lloroso y afligido,
Ni la arpada voz de aquestos cantos;
Antes creo que se han endurecido,
Cual pueden inferir en las señales
Tan fieras como aquí han acontecido.
Nuestros vivos remedios son mortales;
Toda nuestra pereza es diligencia,
Y los bienes ajenos, nuestros males.
NUM. En fin, dado han los cielos la sentencia
De nuestro fin amargo y miserable.
No nos quiere valer ya su clemencia;
Lloremos, pues es fin tan lamentable,
Nuestra desdicha; que la edad postrera
Dél y de nuestras fuerzas siempre hable.

[JORNADA TERCERA]

Salen CIPIÓN, IUGURTA, y MARIO, romanos.

CIP. En forma estoy contento en mirar cómo
Corresponde a mi gusto la ventura,
Y esta libre nación soberbia domo
Sin fuerzas, solamente con cordura.
En viendo la ocasión, luego la tomo,
Porque sé cuánto corre y se apresura,
Y si se pasa; en cosas de la guerra,
El crédito consume y vida atierra.
Juzgaba de ésa el loco desvarío
Tener los enemigos encerrados,
Y que era mengua del romano brío
No vencellos con modos más usados.
Bien sé que lo habrán dicho; mas yo fío
Que, los que fueren plácticos soldados
Dirán que es de tener en mayor cuenta
La victoria que menos ensangrienta.
¿Qué gloria puede haber más levantada,
En las cosas de guerra que aquí digo,
Que, sin quitar de su lugar la espada,
Vencer y sujetar al enemigo?
Que, cuando la victoria es granjeada
Con la sangre vertida del amigo,
El gusto mengua que causar pudiera
La que sin sangre tal ganada fuera.

Tocan una trompeta del muro de Numancia.

IUG. Oye, señor, que de Numancia suena
El son de una trompeta, y me aseguro
Que decirte, algo desde allá se ordena,
Pues el salir acá lo estorba el muro.
Caravino se ha puesto en una almena,
Y una señal ha hecho de seguro:
Lleguémonos más cerca.
CIP. Ea, lleguemos.
No más: que desde aquí lo entenderemos.