Pónese CARAVINO en la muralla, con una bandera o lanza en la mano, y dice:
CAR. ¡Romanos!; ¡Ah, romanos! ¿Puede acaso
Ser de vosotros esta voz oída?
MAR. Puesto que más abajas, y hables paso,
De cualquier tu razón será entendida.
CAR. Decid al general que alargue el paso
Al foso, porque viene dirigida
a él una embajada.
CIP. Dila presto,
que yo soy Cipión.
CAR. Escucha el resto.
Dice Numancia, general prudente,
Que consideres bien que ha muchos años
Que entre la nuestra y tu romana gente
Duran los males de la guerra extraños,
Y que, por evitar que no se aumente
La dura pestilencia destos daños,
Quiere, si tú quisieres, acaballa
Con una breve y singular batalla.
Un soldado se ofrece de los nuestros
A combatir cerrado en estacada
Con cualquiera esforzado de los vuestros,
Para acabar contienda tan trabada;
Y al que los hados fueren tan siniestros,
Que allí le dejen sin la vida amada,
Si fuere d nuestro, darémoste la tierra;
Si el tuyo fuere, acábese la guerra:
Y por seguridad deste concierto,
daremos a tu gusto las rehenes.
Bien sé que en él vendrás, porque estás cierto
De los soldados que a tu cargo tienes,
Y sabes que el menor, a campo abierto,
Hará sudar el pecho, rostro y sienes
Al más aventajado de Numancia;
Ansí que está segura tu ganancia.
Porque a la ejecución se venga luego,
Respóndeme, señor, si estás en ello.
CIP. Donaire es lo que dices, risa y juego,
Y loco el que piensa de hacello.
Usad el medio del humilde ruego,
Si queréis que se escape vuestro cuello
De probar el rigor y filos diestros
Del romano cuchillo y brazos nuestros.
La fiera que en la jaula está encerrada
Por su selvatoquez y fuerza dura,
Si puede allí con mano ser domada,
Y con el tiempo y medios de cordura,
Quien la dejase libre y desatada
Daría grandes muestras de locura.
Bestias sois, y, por tales, encerradas
Os tengo donde habéis de ser domadas.
Mía será Numancia a pesar vuestro,
Sin que me cueste un mínimo soldado,
Y el que tenéis vosotros por más diestro,
Rompa por ese foso trincheado;
Y si en esto os parece que yo muestro
Un poco mi valor acobardado,
El viento lleve agora esta vergüenza,
Y vuélvala la fama cuando venza.
Vanse CIPIÓN y los suyos, y dice CARAVINO.
CAR. ¿No escuchas más, cobarde? ¿Ya te ascondes?
¿Enfádate la igual justa batalla?
Mal con tu nombradía correspondes;
Mal podrás de este modo sustentalla;
En fin, como cobarde me respondes.
Cobardes sois, romanos, vil canalla,
Con vuestra muchedumbre confiados,
Y no en los diestros brazos levantados.
En formado escuadrón, o manga suelta
En la campaña rasa, do no pueda
Estorbar la mortal fiera revuelta
El ancho foso y muro que la veda,
Será bien que, sin dar el pie la vuelta?
Y sin tener jamás la espada queda,
Ese ejército mucho bravo vuestro
Se viera con el poco flaco nuestro;
Mas, como siempre estáis acostumbrados
A vencer con ventajas y con mañas,
Estos conciertos, en valor fundados,
No los admiten bien vuestras marañas;
Liebres en pieles fieras disfrazados,
Load y engrandeced vuestras hazañas,
Que espero en el gran Júpiter dejaros
Sujetos a Numancia y a sus fueros.
Vase, y torna a salir fuera con TEÓGENES, y CARAVINO, y MARANDRO, y otros.
TEÓG. En términos nos tiene nuestra suerte,
Dulces amigos, que sería ventura
De acabar nuestros daños con la muerte;
El desafío no ha importado un cero;
¿De intentar qué me queda? No lo siento,
Uno es aceptar el fin postrero.
Esta noche se muestre el ardimiento
Del numantino acelerado pecho,
Y póngase por obra nuestro intento.
El enemigo muro sea deshecho;
Salgamos a morir a la campaña,
Y no como cobardes en estrecho.
Bien sé que sólo sirve esta hazaña
De que a nuestro morir se mude el modo,
Que con ella la muerte se acompaña.
CAR. Con este parecer yo me acomodo;
Morir quiero rompiendo el fuerte muro,
Y deshacello por mi mano todo;
Mas tienen una cosa mal siguro:
Que, si nuestras mujeres saben esto,
De que no haremos nada os aseguro.
Cuando otra vez tuvimos presupuesto
De huírnos y dejallas, cada uno
Fiado en su caballo y vuelo presto,
Ellas, que el trato a ellas importuno
Supieron, al momento nos robaron
Los frenos, sin dejarnos sólo uno.
Entonces el huír nos estorbaron,
Y ansí lo harán agora fácilmente,
Si las lágrimas muestran que mostraron.
MAR. Nuestro disinio a todas es patente,
Todas lo saben ya, y no queda alguna
Que no se queje dello amargamente,
Y dicen que, en la buena o ruin fortuna,
Quieren en vida o muerte acompañaros,
Aunque su compañía os sea importuna.
Entran cuatro mujeres de Numancia, cada una con un niño en brazos y otros de las manos, y LIRA, doncella.
Veislas aquí do vienen a rogaros
No las dejéis en tantos embarazos;
Aunque seáis de acero han de ablandaros;
Los tiernos hijos vuestros en los brazos
Las tristes traen: ¿no veis con qué señales
De amor les dan los últimos abrazos?
M.1.ª ¿Qué pensáis, varones claros?
¿Revolvéis aún todavía
En la triste fantasía
De dejarnos y ausentaros?
¿Y a los libres hijos vuestros
Queréis esclavos dejallos?
¿No será mejor ahogallos
Con los propios brazos vuestros?
No apresuréis el camino
Al morir, porque su estambre
Cuidado tiene la hambre
De cercenarla contino.
M.3.ª Hijos de estas tristes madres,
¿Qué es esto? ¿Cómo no habláis
Y con lágrimas rogáis
Que no os dejen vuestros padres?
Baste que la hambre insana
Os acaben con dolor,
Sin esperar el rigor
De la aspereza romana.
Decildes que os engendraron
Libres, y libres nacistes,
Y que vuestras madres tristes
También libres os criaron.
Decildes que, pues la suerte
Nuestra va tan decaída,
Que, como os dieron la vida,
Ansí mismo os den la muerte;
¡Oh muros de esta ciudad!
Si podéis hablar, decid,
Y mil veces repetid:
"¡Numantinos, libertad
Los templos, las casas vuestras
Levantadas en concordia!
Hoy piden misericordia
Hijos y mujeres vuestras.
Ablandad, caros varones,
Esos pechos diamantinos,
Y mostrad, cual numantinos,
Amorosos corazones;
Que no por romper el muro
Se remedia un mal tamaño;
Antes en ello está el daño
Más propincuo y más seguro."
LIRA. También las tristes doncellas
Ponen en vuestra defensa
El remedio de su ofensa
Y el alivio a sus querellas.
Desesperación notoria
Es ésta que hacer queréis,
Adonde sólo hallaréis
Breve muerte y larga gloria.
Mas ya que salga mejor
Que yo pienso esta hazaña,
¿Qué ciudad hay en España
Que quiera daros favor?
Mi pobre ingenio os advierte
Que si hacéis esta salida,
Al enemigo dais vida
Y a toda Numancia muerte.
De vuestro acuerdo gentil
Los romanos burlarán;
Pero, decidme: ¿qué harán
Tres mil con ochenta mil?
Aunque tuviesen abiertos
Los muros y su defensa,
Seríades con ofensa
Mal vengados y bien muertos.
Mejor es que la ventura
O el daño que el cielo ordena,
O nos salve o nos condena
Dé la vida o sepoltura.
TEÓG. Limpiad los ojos húmidos del llanto,
Mujeres tiernas, y tené entendido
Que vuestra angustia la sentimos tanto,
Que responde al amor nuestro subido.
Ora crezca el dolor, ora el quebranto
Sea por nuestro bien disminuído,
Jamás en muerte o vida os dejaremos;
Antes en muerte y vida os serviremos.
Pensábamos salir al foso, ciertos
Antes de allí morir que de escaparnos,
Pues fuera quedar vivos aunque muertos,
Si muriendo pudiéramos vengarnos;
Mas, pues nuestros disinios descubiertos
Han sido, y es locura aventurarnos,
Amados y hijos y mujeres nuestras,
Nuestras vidas serán de hoy más las vuestras.
Sólo se ha de mirar que el enemigo
No alcance de nosotros triunfo o gloria;
Antes ha de servir él de testigo
Que aprueben y determinen la historia;
Y si todos venís en lo que digo,
Mil siglos durará nuestra memoria,
Y es que no quede cosa aquí en Numancia
De do el contrario pueda hacer ganancia.
En medio de la plaza se haga un fuego,
En cuya ardiente llama licenciosa
Nuestras riquezas todas se echen luego,
Desde la pobre a la más rica cosa;
Y esto podréis tener a dulce juego,
Cuando os declare la intención honrosa
Que se ha de efectuar después que sea
Abrasada cualquier rica presea.
Y para entretener por algún hora
La hambre que ya roe nuestros huesos,
Haréis descuartizar luego a la hora
Esos tristes romanos que están presos.
Y sin del chico al grande hacer mejora,
Repártase entre todos, que con esos
Será nuestra comida celebrada
Por España, cruel, necesitada.
CAR. Amigos, ¿qué os parece? ¿Estáis en esto?
Digo que a mí me tiene satisfecho,
Y que a la ejecución se venga presto
De un tan extraño y tan honroso hecho.
TEÓG. Pues yo de mi intención os diré el resto:
Después que sea lo que digo hecho,
Vamos a ser ministros todos luego
De encender el ardiente y rico fuego.
M.1.ª Nosotras desde aquí ya comenzamos
A dar con voluntad nuestros arreos,
Y a las vuestras las vidas entregamos
Como se han entregado los deseos.
LIRA. Pues caminemos presto; vamos, vamos,
Y abrásense en un punto los trofeos
Que pudieran hacer ricas las manos,
Y aun hartar la codicia de romanos.
Vanse todos, y salen dos NUMANTINOS.
N.1.° ¡Derrama, dulce hermano, por los ojos
El alma en llanto amargo convertida!
¡Venga la muerte y lleve los despojos
De nuestra miserable y triste vida!
N.2.° Bien poco durarán estos enojos;
Que ya la muerte viene apercebida
Para llevar en presto y breve vuelo
A cuantos pisan de Numancia el suelo.
En la plaza mayor ya levantada
Queda un ardiente y cudiciosa hoguera,
Que de nuestras riquezas menistrada,
Sus llamas suben a la cuarta esfera.
Allí, con triste priesa acelerada
Y con mortal y tímida carrera,
Acuden todos, como santa ofrenda,
A sustentar las llamas con su hacienda.
Allí la perla del rosado Oriente,
Y el oro en mil vasijas fabricado,
Y el diamante y rubí más excelente,
Y la estimada púrpura y brocado,
En medio del rigor fogoso ardiente
De la encendida llama se ha arrojado:
Despojos que pudieran los romanos
Hinchir los senos y ocupar las manos.