Dice VARIATO, muchacho, desde la torre:

VAR. ¿Dónde venís, o qué buscáis, romanos?
Si en Numancia queréis entrar por fuerte,
Haréislo sin contraste, a pasos llanos;
Pero mi lengua desde aquí os advierte
Que yo las llaves mal guardadas tengo
Desta ciudad, de quien trunfó la muerte.
CIP. Por ésas, joven, deseoso vengo,
Y más de que tú hagas insperiencia,
Si en este pecho piedad sostengo.
VAR. ¡Tarde, cruel, ofreces tu clemencia,
Pues no hay con quien usarla: que yo quiero
Pasar por el rigor de la sentencia
Que con suceso amargo y lastimero
De nuestros padres y patria tan querida
Causó el último fin terrible y fiero!
QUIN. Dime: ¿tienes, por suerte, aborrecida,
Ciego de un temerario desvarío,
Tu floreciente edad y tierna vida?
CIP. Tiempla, pequeño joven, templa el brío;
Sujeta el valor tuyo, que es pequeño,
Al mayor de mi honroso poderío;
Que desde aquí te doy la fee y empeño
Mi palabra, que solo de ti seas
Tú mismo el propio, el conocido dueño;
Y que de ricas joyas y preseas
Vivas lo que vivieres abastado,
Como yo podré darte y tú deseas,
Si a mí te entregas y te das de grado.
VAR. Todo el furor de cuantos ya son muertos
En este pueblo y en polvo reducido,
Todo el huir los pactos y conciertos,
Ni el dar a sujeción jamás oído,
Sus iras, sus rancores descubiertos,
Está en mi pecho solamente unido.
Yo heredé de Numancia todo el brío;
Ved, si pensáis vencerme, es desvarío.
Patria querida, pueblo desdichado,
No temas, ni imagines que admire
De lo que debo ser de ti engendrado,
Ni que promesa o miedo me retire,
Ora me falte el suelo, el cielo, el hado,
Ora vencerme todo el mundo aspire;
Que imposible será que yo no haga
A tu valor la merecida paga.
Que si a esconderme aquí me trujo el miedo
De la cercana y espantosa muerte,
Ella me sacará con más denuedo,
Con el deseo de seguir tu suerte;
De vil temor pasado, como puedo,
Será la enmienda agora osada y fuerte,
Y el temor de mi edad tierna, inocente
Pagaré con morir osadamente.
Yo os aseguro, ¡oh fuertes ciudadanos!,
Que no falte por mí la intención vuestra
De que no triunfen pérfidos romanos,
Si ya no fuere de ceniza nuestra.
Saldrán conmigo sus intentos vanos,
Ora levanten contra mí su diestra,
O me aseguren con promesa incierta
A vida y a regalos ancha puerta.
Tened, romanos, sosegad el brío,
Y no os canséis en asaltar el muro;
Con que fuera mayor el poderío
Vuestro, de no vencerme estad seguro.
Pero muéstrese ya el intento mío,
Y si ha sido el amor perfecto y puro
Que yo tuve a mi patria tan querida,
Asegúrelo luego esta caída.

Arrójase el muchacho de la torre, y dice CIPIÓN:

CIP. ¡Oh! ¡Nunca vi tan memorable hazaña!
¡Niño de anciano y valeroso pecho,
Que, no sólo a Numancia, mas a España
Has adquirido gloria en este hecho!
Con tal vida y virtud heroica, extraña,
Queda muerto y perdido mi derecho.
Tú con esta caída levantaste
Tu fama, y mis victorias derribaste.
Que fuera viva y en su ser Numancia,
Sólo porque vivieras me holgara;
Tú solo me has llevado la ganancia
Desta larga contienda, ilustre y rara;
Lleva, pues, niño, lleva la ganancia
Y la gloria que el cielo te prepara,
Por haber, derribándote, vencido
Al que, subiendo, queda más caído.

[PEDRO DE URDEMALAS]