QUINTO FABIO.
Oye, señor, que de Numancia suena
El són de una trompeta, y me asiguro
Que decirte algo desde allá se ordena,
Pues el salir acá lo estorva el muro.
Corabino se ha puesto en una almena,
Y una señal ha hecho de seguro:
Lleguemonos mas cerca.
CIPION.
Sea, lleguemos.
GAYO MARIO.
No mas: que dende aqui le entenderemos.
Ponese CORABINO encima de la muralla con bandera blanca puesta en una lanza.
CORABINO.
Romanos, ah Romanos, puede acaso
Ser de vosotros esta voz oida?
GAYO MARIO.
Puesto que mas la baxes, y hables paso,
Qualquiera tu razon será entendida.
CORABINO.
Decid al General, que acerque el paso
Al foso, porque viene dirigida
A él una embaxada.
CIPION.
Dila presto,
Que yo soy Cipion.
CORABINO.
Escucha el resto.
Dice Numancia, General prudente,
Que consideres bien que ha muchos años
Que entre la nuestra y tu Romana gente
Duran los males de la guerra estraños,
Y que por evitar que no se aumente
La dura pestilencia destos daños,
Quiere, si tu quisieres, acaballa,
Con una breve y singular batalla.
Un soldado se ofrece de los nuestros
A combatir cerrado en estacada,
Con qualquiera esforzado de los vuestros
Por acabar contienda tan pesada,
Y si los hados fueren tan siniestros,
Que el uno quede sin la vida amada,
Si fuere el nuestro, darse ha la tierra,
Si el tuyo fuere, acabese la guerra:
Y por seguridad deste concierto,
Daremos á tu gusto los rehenes.
Bien sé que en él vendrás, porque estás cierto
De los soldados que á tu cargo tienes,
Y sabes que el menor en campo abierto
Hará sudar el pecho, el rostro y sienes
Al mas aventajado de Numancia:
Ansi que está sigura tu ganancia.
Respondeme, señor, si estas en ello,
Porque á la execucion se venga luego.
CIPION.
Donaire es lo que dices, risa, juego,
Y loco el que pensase de hacello.
Usad el medio del humilde ruego,
Si quereis que se escape vuestro cuello
De probar el rigor y filos diestros
Del Romano cuchillo y brazos nuestros.
La fiera que en la jaula está encerrada
Por su selvatiquez y fuerza dura,
Si puede alli con maña ser domada
Y con el tiempo y medios de cordura,
Quien la dexase ir libre y desatada,
Daria grandes muestras de locura:
Bestias sois, y por tales encerrados
Os tengo donde haveis de ser domados:
Mia será Numancia á pesar vuestro,
Sin que me cueste un minimo soldado,
Y el que teneis vosotros por mas diestro
Rompa por ese foso trincheado,
Y si en esto os parece que yo muestro
Un poco mi valor acobardado,
El viento lleve agora esta verguenza,
Y vuelvale la fama quando os venza.
Vanse CIPION y los suyos.
CORABINO.
No escuchas mas, cobarde? ya te escondes?
Enfadate la igual justa batalla?
Mal con tu nombradia correspondes,
Mal podrás deste modo sustentalla;
En fin, como cobarde me respondes:
Cobardes sois, Romanos, vil canalla,
En vuestra muchedumbre confiados,
Y no en los diestros brazos levantados.
Perfidos, desleales, fementidos,
Crueles, revoltosos y tiranos,
Ingratos, codiciosos, mal nacidos,
Pertinaces, feroces y villanos,
Adulteros, infames, conocidos
Por de industriosas, mas cobardes manos,
Qué gloria alcanzareis en darnos muerte
Teniendonos atados desta suerte?
Encerrado escuadron, ó manga suelta
En la campaña rasa, do no pueda
Estorbar la mortal fiera revuelta
El ancho foso y muro que la veda,
Fuera bien que sin dar el pie la vuelta
Y sin tener jamas la espada queda
Ese exercito mucho bravo vuestro,
Se viera con el poco flaco nuestro.
Mas como siempre estais acostumbrados
A vencer con ventajas y con mañas,
Estos conciertos en valor fundados
No los admiten bien vuestras marañas:
Liebres en pieles fieras disfrazados,
Load y engrandeced vuestras hazañas,
Que espero en el gran Jupiter de veros
Sujetos á Numancia y á sus fueros.
Baxase, y torna á salir luego con todos los Numantinos que salieron en el principio de la segunda jornada, excepto MARQUINO, que se arrojó en la sepultura, y sale tambien MORANDRO.
TEOGENES.
En terminos nos tiene nuestra suerte,
Dulces amigos, que será ventura
Acabar nuestros daños con la muerte;
Por nuestro mal, por nuestra desventura,
Vistes del sacrificio el triste aguero,
Y á Marquino tragar la sepultura:
El desafio no ha importado un cero:
De intentar que nos queda, no lo siento,
Sino es acelerar el fin postrero.
Esta noche se muestre el ardimiento
Del Numantino acelerado pecho,
Y pongase por obra nuestro intento:
El enemigo muro sea deshecho,
Salgamos á morir á la campaña,
Y no como cobardes en estrecho.
Bien sé que solo sirve esta hazaña
De que á nuestro morir se mude el modo,
Que con ella la muerte se acompaña.
CORABINO.
Con ese parecer yo me acomodo,
Morir quiero rompiendo el fuerte muro,
Y deshacelle por mi mano todo.
Mas tieneme una cosa mal seguro,
Que si nuestras mugeres saben esto,
De que no haremos nada os aseguro.
Quando otra vez tuvimos presupuesto
De salir y dexallas, cada uno
Fiado en su caballo y brazo diestro,
Ellas que el trato á ellas importuno
Supieron, al momento nos robaron
Los frenos, sin dexarnos solo uno.
Entonces el salir nos estorbaron,
Y ansi lo harán agora facilmente,
Si las lagrimas muestran que mostraron.
MORANDRO.
Nuestro disignio á todas es patente,
Todas lo saben, ya no queda alguna
Que no se quexa dello amargamente;
Y dicen que en la buena ó ruin fortuna
Quieren en vida y muerte acompañarnos,
Aunque su compañia es importuna.
Aqui entran quatro ó mas mugeres de Numancia, y con ellas LIRA, las mugeres traen unas figuras de niños en los brazos, y otros de las manos, excepto LIRA que no trae ninguno.
Veislas aqui do vienen á rogaros,
No las dexeis en tantos embarazos,
Aunque seais de acero han de ablandaros.
Los tiernos hijos vuestros en los brazos
Las tristes traen: no veis con qué señales
De amor les dan los ultimos abrazos?
PRIMERA.
Dulces señores nuestros, si en los males
Hasta aqui de Numancia padecidos,
Que son menores los que son mortales,
Y en los bienes tambien que ya son idos,
Siempre mostramos ser mugeres vuestras,
Y vosotros tambien nuestros maridos,
Porqué en las ocasiones tan siniestras
Que el cielo airado agora nos ofrece,
Nos dais de aquel amor tan cortas muestras?
Hemos sabido, y claro se parece
Que en las Romanas armas arrojaros
Quereis, pues su rigor menos empece
Que no la hambre de que veis cercaros,
De cuyas flacas manos desabridas
Por imposible tengo el escaparos.
Peleando quereis dexar las vidas,
Y dexarnos tambien desamparadas,
A deshonras y muertes ofrecidas.
Nuestro cuello ofreced á las espadas
Vuestras primero, que es mejor partido,
Que vernos de enemigos deshonradas.
Yo tengo en mi intencion estatuido
Que si puedo, haré quanto en mi fuere
Por morir do muriere mi marido,
Y esto mesmo hará la que quisiere
Mostrar que no los miedos de la muerte
Le estorban, de querer á quien bien quiere
En buena, ó mala, en dulce, ó amarga suerte.
OTRA.
Qué pensais, varones claros?
Revolveis aun todavia
En la triste fantasia
De dexarnos y ausentaros?
Quereis dexar por ventura
A la Romana arrogancia
Las virgines de Numancia
Para mayor desventura?
Y á los libres hijos nuestros
Quereis esclavos dexallos?
No será mejor ahogallos
Con los propios brazos vuestros?
Quereis hartar el deseo
De la Romana codicia,
Y que triunfe su injusticia
De nuestro justo trofeo?
Serán por agenas manos
Nuestras casas derribadas:
Y las bodas esperadas
Hanlas de gozar Romanos?
En salir hareis error,
Que acarrea cien mil yerros,
Porque dexais sin los perros
El ganado, y sin señor.
Si al foso quereis salir
Llevadnos en tal salida,
Porque tendremos por vida
A vuestros lados morir.
No apresureis el camino
Al morir, porque su estambre
Cuidado tiene la hambre.
De cercenarla contino.
OTRAS.
Hijos destas tristes madres,
Qué es esto? cómo no hablais?
Y con lagrimas rogais
Que no os dexen vuestros padres?
Basta que la hambre insana
Os acabe con dolor,
Sin esperar el rigor
De la aspereza Romana.
Decildes que os engendraron
Libres, y libres nacistes,
Y que vuestras madres tristes
Tambien libres os criaron.
Decildes que pues la suerte
Nuestra va tan de caida,
Que como os dieron la vida,
Ansi mismo os den la muerte.
O muros desta ciudad,
Si podeis hablad, decid,
Y mil veces repetid:
Numantinos, libertad.
Los templos, las casas nuestras
Levantadas en concordia
Os piden misericordia,
Hijos y mugeres vuestras.
Ablandad, claros varones,
Esos pechos diamantinos,
Y mostrad qual Numantinos
Amorosos corazones:
Que no por romper el muro
Remediais un mal tamaño,
Antes en ello está el daño
Mas propincuo y mas seguro.
LIRA.
Tambien las tiernas doncellas
Ponen en vuestra defensa
El remedio de su ofensa,
Y el alivio á sus querellas.
No dexeis tan ricos robos
A las codiciosas manos,
Mirad que son los Romanos
Hambrientos y fieros lobos.
Desesperacion notoria
Es esta que hacer quereis,
A donde solo hallareis
Breve muerte y larga gloria.
Mas ya que salga mejor
Que yo pienso, esta hazaña,
Qué ciudad hay en España
Que quiera daros favor?
Mi pobre ingenio os advierte
Que si haceis esta salida,
Al enemigo dais vida,
Y á toda Numancia muerte.
De vuestro acuerdo gentil
Los Romanos burlarán;
Porque, decidme, qué harán
Tres mil contra ochenta mil?
Aunque estuviesen abiertos
Los muros y sin defensa,
Seriades con ofensa
Mal vengados y bien muertos.
Mejor es que la ventura
Del daño que el cielo ordene,
O nos salve, ó nos condene,
De la vida ó sepultura.
TEOGENES.
Limpiad los ojos humidos del llanto,
Mugeres tiernas, y tené entendido
Que vuestra angustia la sentimos tanto,
Que responde al amor nuestro subido,
Ora crezca el dolor, ora el quebranto,
Sea por nuestro bien diminuido,
Jamas en vida ó muerte os dejaremos,
Antes en muerte y vida os serviremos.
Pensabamos salir al foso ciertos
Antes de alli morir que de escaparnos,
Pues fuera quedar vivos aunque muertos,
Si muriendo pudieramos vengarnos;
Mas pues nuestros disignios descubiertos
Han sido, y es locura aventurarnos,
Amados hijos y mugeres nuestras,
Nuestras vidas serán de hoy mas las vuestras.
Solo se ha de mirar que el enemigo
No alcance de nosotros triunfo y gloria,
Antes ha de servir él de testigo
Que apruebe y eternice nuestra historia;
Y si todos venis en lo que digo
Mil siglos durará nuestra memoria,
Y es que no quede cosa aqui en Numancia
De do el contrario pueda haver ganancia.
En medio de la plaza se haga un fuego,
En cuya ardiente llama licenciosa
Nuestras riquezas todas se echen luego
Desde la pobre á la mas rica cosa,
Y esto podeis tener á dulce juego,
Quando os declare la intención honrosa
Que se ha de efectuar, despues que sea
Abrasada qualquier rica presea.
Y para entretener por alguna hora
La hambre que ya roe nuestros huesos,
Hareis descuartizar luego á la hora
Esos tristes Romanos que están presos,
Y sin del chico al grande hacer mejora,
Repartanse entre todos, que con esos
Será nuestra comida celebrada
Por estraña cruel necesitada.
Amigos, qué os parece? estais en esto?
CORABINO.
Digo que á mi me tiene satisfecho,
Y que á la execucion se venga presto
De tan estraño y tan honroso hecho.
TEOGENES.
Pues yo de mi intencion os diré el resto
Despues que sea lo que digo hecho.
Vamos á ser ministros todos luego
De encender el ardiente y rico fuego.
MUGER PRIMERA.
Nosotras desde aqui ya comenzamos
A dar con voluntad nuestros arreos,
Y á la vida las vuestras entregamos
Como se han entregado los deseos.
LIRA.
Ea pues, caminemos, vamos, vamos,
Y abrasense en un punto los trofeos
Que pudieran hacer ricas las manos,
Y aun hartar la codicia de Romanos.
Vanse todos, y al salir MORANDRO, ase á LIRA por el brazo, y detienela.
MORANDRO.
No vayas tan de corrida,
Lira, dexame gozar
Del bien que me puede dar
En la muerte alegre vida:
Dexa que miren mis ojos
Un rato tu hermosura,
Pues tanto mi desventura
Se entretiene en mis enojos.
O dulce Lira, que sueñas
Contino en mi fantasia
Con tan suave harmonia
Que vuelve en gloria mis penas!
Qué tienes? qué estás pensando,
Gloria de mi pensamiento?
LIRA.
Pienso como mi contento
Y el tuyo se va acabando,
Y no será su homicida
El cerco de nuestra tierra,
Que primero que la guerra
Se me acabará la vida.
MORANDRO
Qué dices, bien de mi alma?
LIRA.
Que me tiene tal la hambre,
Que de mi vital estambre
Llevará presto la palma.
Qué tálamo has de esperar
Mar de la Cruz la invidib J.J. Fabregat la grafo
De quien está en tal estremo,
Que te aseguro que temo
Antes de un hora espirar.
Mi hermano ayer espiró
De la hambre fatigado,
Y mi madre ya ha acabado,
Que la hambre la acabó.
Y si la hambre y su fuerza
No ha rendido mi salud,
Es porque la juventud
Contra su rigor se esfuerza.
Pero como ha tantos dias
Que no le hago defensa,
No pueden contra su ofensa
Las debiles fuerzas mias.
MORANDRO.
Enjuga, Lira, los ojos,
Dexa que los tristes mios
Se vuelvan corrientes rios
Nacidos de tus enojos;
Y aunque la hambre ofendida
Te tenga tan sin compas,
De hambre no morirás
Mientras yo tuviere vida.
Yo me ofrezco de saltar
El foso y el muro fuerte,
Y entrar por la misma muerte
Para la tuya escusar.
El pan que el Romano toca
Sin que el temor me destruya,
Lo quitaré de la suya
Para ponerlo en tu boca.
Con mi brazo haré carrera
A tu vida y á mi muerte,
Porque mas me mata el verte,
Señora, de esa manera.
Yo te traeré de comer
A pesar de los Romanos,
Si ya son estas mis manos
Las mismas que solian ser.
LIRA.
Hablas como enamorado,
Morandro, pero no es justo
Que ya tome gusto el gusto
Con tu peligro comprado.
Poco podrá sustentarme
Qualquier robo que harás,
Aunque mas cierto hallarás
El perderte que ganarme.
Goza de tu mocedad
En fresca edad y crecida,
Que mas importa tu vida
Que la mia, á la ciudad.
Tu podrás bien defendella
De la enemiga asechanza,
Que no la flaca pujanza
Desta tan triste doncella.
Ansi que, mi dulce amor,
Despide ese pensamiento,
Que yo no quiero sustento
Ganado con tu sudor.
Que aunque puedas alargar
Mi muerte por algun dia,
Esta hambre que porfia,
En fin nos ha de acabar.
MORANDRO.
En vano trabajas, Lira,
De impidirme este camino,
Do mi voluntad y signo
Allá me convida y tira.
Tu rogarás entretanto
A los Dioses, que me vuelvan
Con despojos que resuelvan
Tu miseria y mi quebranto.
LIRA.
Morandro, mi dulce amigo,
No vayas, que se me antoja
Que de tu sangre veo roja
La espada del enemigo.
No hagas esta jornada,
Morandro, bien de mi vida,
Que si es mala la salida,
Es muy peor la tornada.
Si quiero aplacar tu brio,
Por testigo pongo al cielo,
Que de mi daño recelo
Y no del provecho mio.
Mas si acaso, amado amigo,
Prosigues esta contienda,
Lleva este abrazo por prenda
De que me llevas contigo.
MORANDRO.
Lira, el cielo te acompañe:
Vete, que á Leoncio veo.
LIRA.
Y á ti te cumpla el deseo,
Y en ninguna parte dañe.
LEONCIO ha de estar escuchando todo lo que ha pasado entre su amigo MORANDRO y LIRA.