JUGURTA
y
GAYO MARIO
al tablado
.
CIPION.
Qué es esto, capitanes? quién nos toca
Al arma en tal sazon? es por ventura
Alguna gente desmandada y loca
Que viene á procurar su sepultura?
O no sea algun motin el que provoca
Tocar al arma en recia coyuntura:
Que tan seguro estoy del enemigo,
Que tengo mas temor al que es amigo.
Sale QUINTO FABIO con la espada desnuda, y dice
QUINTO FABIO.
Sosiega el pecho, General prudente,
Que ya desta arma la ocasion se sabe,
Puesto que ha sido á costa de tu gente,
De aquella en quien mas brio y fuerza cabe;
Dos Numantinos con soberbia fuerte,
Cuyo valor será razon se alabe,
Saltando el ancho foso y la muralla
Han movido á tu campo cruel batalla.
A las primeras guardias invistieron,
Y en medio de mil lanzas se arrojaron,
Y con tal furia y rabia arremetieron,
Que libre paso al campo les dexaron:
Las tiendas de Fabricio acometieron,
Y alli su fuerza y su valor mostraron
De modo, que en un punto seis soldados
Fueron de agudas puntas traspasados.
No con tanta presteza el rayo ardiente
Pasa rompiendo el ayre en presto vuelo,
Ni tanto la cometa reluciente
Se muestra ir presurosa por el cielo,
Como estos dos por medio de tu gente
Pasaron, colorando el duro suelo
Con la sangre Romana, que sacaban
Sus espadas do quiera que llegaban.
Queda Fabricio traspasado el pecho,
Abierta la cabeza tiene Oracio,
Olmida ya perdió el brazo derecho,
Y de vivir le queda poco espacio.
Fuele ansi mismo poco de provecho
La ligereza al valeroso Estacio,
Pues el correr al Numantino fuerte
Fue abreviar el camino de su muerte.
Con presta ligereza discurriendo
Iban de tienda en tienda; hasta que hallaron
Un poco de bizcocho, el qual cogieron;
El paso y no el furor atras volvieron;
El uno dellos se escapó huyendo,
Al otro mil espadas le acabaron,
Por donde infiero que la hambre ha sido
Quien les dió atrevimiento tan subido.
CIPION.
Si estando deshambridos y encerrados
Muestran tan demasiado atrevimiento,
Qué hicieran siendo libres, y enterados
En sus fuerzas primeras y ardimiento?
Indomitos, al fin sereis domados,
Porque contra el furor vuestro violento
Se tiene de poner la industria nuestra,
Que de domar soberbios es maestra.
Entrase CIPION y los suyos, y luego tocase al arma en la ciudad, y al rumor sale MORANDRO herido y lleno de sangre, con una cestilla blanca en el brazo izquierdo con algun poco de vizcocho ensangrentado, y dice
MORANDRO.
No vienes, Leoncio, di?
Qué es esto, mi dulce amigo?
Si tú no vienes conmigo,
Cómo vengo yo sin tí?
Amigo, qué? te has quedado?
Amigo, qué? te quedaste?
No eres tú el que me dexaste,
Sino yo el que te he dexado!
Qué es posible que ya dan
Tus carnes despedazadas
Señales averiguadas
De lo que cuesta este pan!
Y es posible que la herida
Que á tí te dexó difunto,
En aqueste instante y punto
No me quitó á mí la vida!
No quiso el hado cruel
Acabarme en paso tal
Por hacerme á mí mas mal,
Y hacerte á tí mas bien!
Tú enfin llevarás la palma
De mas verdadero amigo,
Yo á desculparme contigo
Enviaré bien presto el alma:
Y tan presto, que el afan
A morir me llama y tira,
En dando á mi dulce Lira
Este tan amargo pan:
Pan ganado de enemigos,
Pero no ha sido ganado,
Sino con sangre comprado
De dos sin ventura amigos.
Sale LIRA con alguna ropa, como que la lleva á quemar, y dice
LIRA.
Qué es esto que ven mis ojos!
MORANDRO.
Lo que presto no verán
Segun la priesa se dan
De acabarme mis enojos:
Ves aqui, Lira; cumplida
Mi palabra y mis porfias
De que tú no moririas
Mientras yo tuviese vida.
Y aun podré mejor decir
Que presto vendrás á ver
Que á tí sobrará el comer,
Y á mí faltará el vivir.
LIRA.
Qué dices, Morandro amado?
MORANDRO.
Lira, que acortes la hambre,
Entretanto que la estambre
De mi vida corta el hado.
Pero mi sangre vertida
Y con este pan mezclada,
Te ha de dar, mi dulce amada,
Triste y amarga comida.
Ves aqui el pan que guardaban
Ochenta mil enemigos,
Que cuesta de dos amigos
Las vidas que mas amaban.
Y porque lo entiendas cierto
Y quanto tu amor merezco,
Ya yo, señora, perezco,
Y Leoncio ya está muerto.
Mi voluntad sana y justa
Recibela con amor,
Que es la comida mejor
Y de que el alma mas gusta.
Y pues en tormenta y calma
Siempre has sido mi señora,
Recibe este cuerpo agora
Como recibiste el alma.
Caese muerto, y cogele en las faldas LIRA.