SILVIA.
Dó vas, Aurelio, dulce amado esposo?
AURELIO.
A verte, Silvia, pues tu vista sola
Es el perfeto alivio á mis trabajos.
SILVIA.
Tambien á verte yo, mi caro Aurelio,
Es el remedio de mis graves penas.
Abrazanse y salen sus amos.
ZARA.
Perra, esto se sufre ante mis ojos?
IZUF.
Falso, traidor, esclavo con la esclava?
ZARA.
No, no, señor, no tiene culpa Aurelio,
Que al fin es hombre, sino aquesta perra esclava
IZUF.
La esclava no, señora, este malvado,
Forzador, inventor de mil embustes,
Tiene la culpa destas desverguenzas.
ZARA.
Si esta lamida, si esta descarada,
No diera la ocasion, no se atreviera
Aurelio á ansi abrazarla estrechamente.
AURELIO.
No por cierto, señores, no ha nacido
Nuestra desenvoltura de ocasiones
Lascivas segun dan las muestras dello,
Sino que á Silvia le rogaba ahora
Me hiciese una merced, que ha muchos dias
Que se la pido, y no por mi interese,
Y ella tambien á mí me havia persuadido
Que un servicio le hiciese, que conviene
Para servir mejor la casa vuestra,
Y por havernos concedido entrambos
Aquello que pedia el uno al otro,
En señal de contento nos hallastes
De aquel modo que vistes, abrazados,
Sin manchar los honestos pensamientos.
IZUF.
Es verdad esto, Silvia?
SILVIA.
Verdad dice.
IZUF.
Que le pediste tú á él?
SILVIA.
Poco te importa
Saber lo que yo á Aurelio le pedia.
ZARA.
Concediotelo al fin?
SILVIA.
Como yo quise.
IZUF.
Entraos á dentro, que por fuerza os creo,
Porque si no os creyese, convendria
Castigar vuestra culpa con mil penas. Vanse.
Sabreis, señora, que en este mismo punto,
Viniendo por el Zoco, me fue dicho
Como el Rey me mandaba que llevase
A Silvia y á Aurelio á su presencia,
Y tengo para mí, que algun tresleño
Y mal cristiano, que á los dos conoce,
Al Rey debe de haver ya declarado
Como son de rescate estos cautivos,
Y como el Rey está tan mal conmigo,
Porque aceptar no quise el cargo y honra
De reparar los fosos y murallas,
Quieremelos quitar sin dubda alguna.
ZARA.
El remedio que en esto se me ofrece,
Es advertir á Aurelio que no diga
Al Rey que es caballero, sino un pobre
Soldado que iba á Italia, y que esta Silvia
Es su muger, y si esto el Rey resiste,
No querra por el tanto que costaron,
Quitartelos, que el precio es muy subido.
IZUF.
Muy bien dices, señora: bien, entremos
Y demos este aviso á los dos juntos.
Entranse, y salen á poner un estrado con quatro almohadas para el REY, donde se sienta, y salen acompañandole quatro ó cinco moros, y tambien sale delante el chiquillo renegado JUANICO.
REY.
De ira y de dolor hablar no puedo,
Y es la ocasion de mi pesar insano
El ver que Don Antonio de Toledo
Ansi se me ha escapado de la mano.
Los Arraces ufanos, con el miedo
Que yo no les tomase su cristiano,
A Tituan con priesa lo llevaron,
Y en siete mil ducados le tallaron.
Un tan ilustre y rico caballero
Por tal vil precio distes, vil canalla?
Tanto os acudiciastes al dinero?
Tan grande os pareció que era la talla,
Que le añadistes otro compañero,
El qual solo pudiera bien pasalla?
Francisco de Valencia no podia
Pagar solo por sí mayor quantia?
En fin, favorecióle la ventura
Que pudo mas que no mi diligencia,
Que esta es la que concluye y asegura
Lo que no puede hacer humana ciencia.
Conocieron en tiempo y coyuntura,
Y huyeron de no verse en mi presencia,
Que si yo á Don Antonio aqui hallara,
Cinquenta mil ducados me pagara.
Del conde de Alba hermano es, y sobrino
De una principalisima Duquesa,
Y en perderse perdió en este camino
Ser General en una ilustre impresa.
Airado el cielo, se mostró benigno
En hacerle cautivo, y darse priesa
A darle libertad por tal rodeo,
Que no pudo pedir mas el deseo.
Pero pues ya no puede remediarse,
El tratar mas en ello es escusado.
Mirad si viene alguno á querellarse.
MORO.
Señor, aqui está Izuf el renegado.
REY.
Entre, con intencion de aparejarse
A obedecer en todo mi mandado,
Sino, á fe que le trate en mi presencia
Qual merece su necia inobediencia.
Dónde están tus cautivos?
IZUF.
Allá fuera.
REY.
Quánto diste por ellos?
IZUF.
Mil ducados.
REY.
Yo los daré por ellos.
IZUF.
No se espera
De tu valor agravios tan sobrados.
REY.
En esto me replicas?
IZUF.
Da siquiera
Algun alivio en parte á mis cuidados.
El esclavo te doy, Rey, sin dinero,
Y dexame la esclava, por quien muero.
REY.
Tal osaste decir, cristiano infame?
Llevalde abaxo, y dalde tanto palo
Hasta que con su sangre se derrame
El deseo que tiene torpe y malo.
IZUF.
Dame, señor, mi esclava, y luego dame
La muerte en fuego, en hierro, en gancho ó palo.
REY.
Quitadmele delante, acabad presto.
IZUF.
Por pedir mi hacienda soy molesto?
Aqui sacan al Cautivo que se huyó, y le cogieron, y sacanle con una cadena.
MORO.
Mi zara fugir.
REY.
Dónde ibas, di, cristiano?
CAUTIVO.
Procuraba
Llegarme á Oran, si el cielo lo quisiera.
REY.
Dónde cautivaste?
CAUTIVO.
En el Almadraba.
REY.
Tu amo?
CAUTIVO.
Ya murió, que no debiera,
Pues me ha dexado en poder
De una tan braba muger,
Que no la iguala una fiera.
REY.
Español eres?
CAUTIVO.
En Malaga nacido.
REY.
Bien lo muestras en ser tan atrevido,
O tu Raxa caud, dalde seiscientos palos
En las espaldas muy bien dados,
Y luego le dad otros quinientos
En la barriga, y en los pies cansados.
CAUTIVO.
Tan sin ley ni razon tantos tormentos
Tienes para el que huye, aparejados?
REY.
Chito, Chifuz, Brequede, atalde,
Abrilde, desollalde, y aun matalde,
Metenle.
No sé que raza es esta destos perros
Cautivos Españoles. Quién se huye?
Españoles. Quién no cura de los yerros?
Españoles. Quién hurtando nos destruye?
Españoles. Quién comete otros errores?
Españoles: en cuyo pecho el cielo influye
Un animo indomable, acelerado,
Al bien y al mal contino aparejado.
Una virtud en ellos he notado,
Que guardan su palabra sin rebeses;
Y en esta mi opinion me han confirmado
Dos caballeros Sosas, Portugueses:
Don Francisco tambien ha asigurado
Que tiene el sobrenombre de Meneses,
Los quales sobre su palabra han sido
Enviados á España, y lo han cumplido.
Don Fernando de Ormaza tambien fuese
Sobre su fe y palabra, y asi ha hecho,
Un mes antes que el termino cumpliese,
Tal paga, con que quedo satisfecho:
Con darles libertad sin interese
Sé que acrecientan mi provecho,
Que como van sobre su fe prendados,
Pidoles los rescates tresdoblados.
Bayran, sal allá fuera y llama luego
Un cristiano de Izuf,
Que quiero que grangee en su sosiego
Por ver si mi opinion es verdadera,
De pérdida y ganancia es este juego.
BAYRAN.
Señor, del bien hacer siempre se espera
Galardon, y si falta en este suelo,
La paga se dilata para el cielo.
Entra AURELIO.
REY.
Ya sé quien eres, cristiano,
Tu virtud, valor, y suerte,
Y sé que presto has de verte
En el patrio suelo Hispano.
Esta Silvia es tu muger?
AURELIO.
Si señor.
REY.
Y adonde ibas
Quando en las aguas esquibas
Perdiste todo el placer?
AURELIO.
Yo te lo diré, señor,
En verdaderas razones.
De otro Rey y otras prisiones
Fui yo esclavo, que fue amor.
Desta Silvia enamorado
Andube un tiempo en mi tierra,
Y la fuerza desta guerra
Me ha traido á este estado.
Cumpli en esto mi deseo,
Y pensando ir á Milan,
Truxome el hado á este afan
De esclavitud, do me veo.
REY.
No pierdas la confianza
En esta vida importuna,
Pues sabes que de fortuna
La condicion es mudanza.
Yo te daré libertad
A tí y á Silvia al momento,
Si teneis conocimiento
De pagar tal voluntad.
Mil ducados he de dar
Por los dos, y lo que quiero
Que me deis dos mil, empero
Haveismelo de jurar.
Y asi sobre vuestra fe
Os partireis luego á España.
AURELIO.
Señor, á merced tamaña
Qué gracias te rendiré?
Yo prometo de inviallos
Dentro de un mes sin mentir,
Aunque los sepa pedir
Por Dios, ó sino roballos.
REY.
Pues luego os aparejad,
Y la primera saetia
Tomad de España la via,
Que á los dos doy libertad.
AURELIO.
El suelo y cielo te trate
Qual merece tu bondad,
Y toma mi voluntad
Por prenda de mi rescate.
Que yo perderé la vida
O cumpliré mi palabra,
Que este bien ya escarba y labra
En mi sangre bien nacida.
MORO.
Señor, un navio viene.
REY.
De qué parte?
MORO.
Gavia tiene.
REY.
Debe ser de mercancia.
MORO.
Mi señor, ansi se suena,
Que la mercancia es buena.
REY.
Si es limosna?
MORO.
Si será.
REY.
Vamos. Tú, Aurelio, procura
Tu partida, y ten cuidado
De aquello que me has jurado.
AURELIO.
Crezca el cielo tu ventura.
Gracias te doy, eterno Rey del cielo,
Que tan sin merecerlo has permitido
Que por la mano de quien mas temia,
Tanto bien, tanta gloria me ha venido.
Entra FRANCISCO cautivo, y luego los otros tres.
FRANCISCO.
Albricias, caro Aurelio, que es llegado
Un navio de España, y todos dicen,
Que es de limosna, cierto, en el qual viene
Un frayle Trinitario, cristianisimo,
Amigo de hacer bien, y conocido,
Porque ha estado otra vez en esta tierra
Rescatando cristianos, y dió exemplo
De una gran cristiandad y gran prudencia.
Su nombre es Fray Juan Gil.
AURELIO.
Mira no sea
Fray Jorge de Olivares, que es de la orden
De la Merced, que aqui tambien ha estado,
De no menos virtud y entendimiento,
Tanto, que ya despues que obo despendido
Veinte mil ducados que traia,
En otros siete mil quedó empeñado.
O caridad estraña, ó santo pecho!
SAAVEDRA.
Qué buen dia, compañeros,
La limosna está en el puerto,
Mi remedio tengo cierto,
Porque aqui me traen dineros.
SEBASTIAN.
No tengo bien ni le espero,
Ni en mi tierra siento quien
Me pueda hacer algun bien.
OTRO.
Pues yo no me desespero.
FRANCISCO.
Dios nos ha de remediar,
Hermanos, mostrad buen pecho,
Que el Señor que nos ha hecho,
No nos tiene de olvidar.
Roguemosle como á padre
Nos vuelva, y á nuestra Señora,
Pues es nuestra intercesora
Su madre, que es nuestra madre.
Porque con su santo medio
Nuestro bien está seguro,
Que ella es nuestra fuerza y muro,
Nuestra luz, nuestro remedio.
SAAVEDRA haciendo oracion.
SAAVEDRA.
Vuelve, Virgen santisima Maria,
Tus ojos, que dan luz y gloria al cielo,
A los tristes que lloran noche y dia,
Regando con sus lagrimas el suelo.
Socorrednos, bendita Virgen pia,
Antes que este mortal corporeo velo
Quede sin alma en esta tierra dura,
Y carezca de usada sepultura.
SEBASTIAN.
Virgen bendita, que del Padre eterno
Fuiste escogida, para dar el fruto
Que quebrantó las puertas del infierno,
Y del primer pecado quitó el luto,
Vuelve tu rostro piadoso y tierno
A la grande miseria, y al tributo
Que aqui pasamos en tan triste calma,
Pues está en peligro cada dia el alma.
OTRO.
En vos, Virgen dulcisima Maria,
Entre Dios y los hombres medianera,
De nuestro mar incierto cierta guia,
Virgen, entre las virgenes primera,
En vos, Virgen y madre, en vos confia
Mi alma, que sin vos en nadie espera,
Que me haveis de sacar con vuestras manos
De dura servidumbre de paganos.
AURELIO.
Si yo, Virgen sagrada, he merecido
De tu misericordia bien tan alto,
Quándo podré mostrarme agradecido,
Tanto, que no quede corto y falto?
Recibid mi deseo, que subido
Sobre un cristiano obrar, dará tal salto,
Que toque ya, olvidado deste suelo,
El alto trono del impirio cielo.
Y en tanto que se llega el tiempo y punto
De poner en efecto mi deseo,
Al ilustre auditorio que está junto,
En quien tanta bondad decierno y veo,
Si ha estado mal sacado este trasunto
De la vida de Argel y Trato feo,
Pues es bueno el deseo que he tenido,
En nombre del autor, perdon les pido.
FIN DE LA COMEDIA.