El señor Pancracio de Roncesvalles, llevador desta, dirá á vm. señor Miguel de Cervantes, en qué me halló ocupado el dia que llegó á verme con sus amigos. Y yo digo, que estoy muy quejoso de la descortesia que conmigo se usó en partirse vm. deste monte sin despedirse de mí, ni de mis hijas, sabiendo quanto le soy aficionado, y las musas por el consiguiente; pero si se me dá por disculpa que le llevó el deseo de ver á su Mecenas el gran conde de Lemos en las fiestas famosas de Napoles, yo la acepto y le perdono.
Despues que vm. partió deste lugar, me han sucedido muchas desgracias, y me he visto en grandes aprietos, especialmente por consumir y acabar los poetas que iban naciendo de la sangre de los malos que aqui murieron, aunque ya, gracias al cielo y á mi industria, este daño está remediado.
No sé si del ruido de la batalla, ó del vapor que arrojó de sí la tierra, empapada en la sangre de los contrarios, me han dado unos vaguidos de cabeza, que verdaderamente me tienen como tonto, y no acierto á escribir cosa que sea de gusto, ni de provecho: asi, si vm. viere por allá que algunos poetas, aunque sean de los mas famosos, escriben y componen impertinencias y cosas de poco fruto, no los culpe, ni los tenga en menos, sino que disimule con ellos; que pues yo que soy el padre y el inventor de la poesia, deliro y parezco mentecato, no es mucho que lo parezcan ellos.
Envio á vm. unos privilegios, ordenanzas y advertimientos, tocantes á los poetas: vm. los haga guardar y cumplir al pie de la letra, que para todo ello doy á vm. mi poder cumplido quanto de derecho se requiere.
Entre los poetas que aqui vinieron con el señor Pancracio de Roncesvalles, se quejaron algunos de que no iban en la lista de los que Mercurio llevó á España, y que asi vm. no los havia puesto en su Viage. Yo les dixe, que la culpa era mia y no de Vm. pero que el remedio deste daño estaba en que procurasen ellos ser famosos por sus obras, que ellas por sí mismas les darian fama y claro renombre, sin andar mendigando agenas alabanzas.
De mano en mano, si se ofreciere ocasion de mensagero, ire enviando mas privilegios, y avisando de lo que en este monte pasare. Vm. haga lo mesmo, avisandome de su salud, y de la de todos los amigos.
Al famoso Vicente Espinel dará vm. mis encomiendas, como á uno de los mas antiguos y verdaderos amigos que yo tengo.
Si D. Francisco de Quevedo no huviere partido para venir á Sicilia, donde le esperan, toquele vm. la mano, y digale que no dexe de llegar á verme, pues estaremos tan cerca; que quando aqui vino, por la subita partida no tuve lugar de hablarle.
Si vm. encontrare por allá algun transfuga de los veinte que se pasaron al vando contrario, no les diga nada, ni los aflija, que harta mala ventura tienen, pues son como demonios, que se llevan la pena y la confusion con ellos mesmos, do quiera que vayan.
Vm. tenga cuenta con su salud, y mire por sí, y guardese de mí, especialmente en los caniculares, que aunque le soy amigo, en tales dias no va en mi mano, ni miro en obligaciones, ni en amistades.