—Aunque qué?

—Puedo decirlo todo?

—Sí, dilo todo!

—Pues bien, de usted no le he oído nunca hablar sino muy bien, demasiado bien, pero...

—Pero qué?

—Que habla demasiado bien de usted.

—Qué es eso de demasiado?

—Que antes de conocerle yo a usted, maestro, le creía otro.

—Explícate.

—Para mi padre es usted una especie de personaje trágico, de ánimo torturado, de hondas pasiones. «Si se pudiera pintar el alma de Joaquín!» suele decir. Habla de un modo como si mediase entre usted y él algún secreto...