—Y bien, esas tinieblas espirituales que dices, qué son?

—Tú lo sabrás mejor que yo, papá; pero no me niegues que aquí pasa algo, que aquí hay, como si fuese una niebla oscura, una tristeza que se mete por todas partes, que tú no estás contento nunca, que sufres, que es como si llevases a cuestas una culpa grande...

—Sí, el pecado original—dijo Joaquín con sorna.

—Ese, ese!—exclamó la hija.—Ese, del que no te has sanado!

—Pues me bautizaron...!

—No importa.

—Y como remedio para esto vas a meterte monja, no es eso? Pues lo primero era averiguar qué es ello, a qué se debe todo esto...

—Dios me libre, papá, de tal cosa. Nada de querer juzgaros.

—Pero de condenarme, sí, no es eso?

—Condenarte?