—Me ha dicho que en tu carrera, en la práctica de la Medicina, tienes cosas geniales y que has hecho, descubrimientos...

—Aduladores!

—No, así me ha dicho. Y que como no se te conoce, y al no conocerte no se te estima en todo lo que vales, que quiere escribir ese libro para darte a conocer.

—A buena hora...

—Nunca es tarde si la dicha es buena.

—Ay, hija mía, si en vez de haberme somormujado en esto de la clientela, en esta maldita práctica de la profesión que ni deja respirar libre ni aprender... si en vez de eso me hubiese dedicado a la ciencia pura, a la investigación...! Eso que ha descubierto el doctor Alvarez y García y por lo que tanto le bombean, lo habría descubierto antes yo, yo, tu padre, yo lo habría descubierto, pues estuve a punto de ello. Pero esto de ponerse a trabajar para ganarse la vida...

—Sin embargo, no necesitábamos de ello.

—Sí, pero... Y además, qué sé yo... Mas todo eso ha pasado y ahora comienza vida nueva. Ahora voy a dejar la clientela...

—De veras?