—Sí, voy a dejársela al que va a ser tu marido, bajo mi alta inspección, por supuesto. Lo guiaré, y yo a mis cosas! Y viviremos todos juntos, y será otra vida... otra vida... Empezaré a vivir; seré otro... otro... otro...

—Ay, papá, qué gusto! Cómo me alegra oirte hablar así. Al cabo!

—Qué te alegra oirme decir que seré otro?

La hija le miró a los ojos al oir el tono de lo que había debajo de su voz.

—Te alegra oirme decir que seré otro?—volvió a preguntar el padre.

—Sí, papá, me alegra!

—Es decir que el otro, que el otro, el que soy, te parece mal?

—Y a ti, papá?—le preguntó a su vez, resueltamente, la hija.

—Tápame la boca!—gimió él.

Y se la tapó con un beso.