—Bien, sea! Pero no creas que olvido, no lo olvidaré nunca, tu discurso aquel cuando lo del cuadro.
—Tampoco quiero que hables de eso.
—Pues de qué?
—Nada de lo pasado, nada! Hablemos sólo del porvenir...
—Pues si tú y yo, a nuestra edad, no hablamos del pasado, de que vamos a hablar? Si nosotros no tenemos ya más que pasado!
—No digas eso!—casi gritó Joaquín.
—Nosotros ya no podemos vivir más que de recuerdos!
—Cállate, Abel, cállate!
—Y si te he de decir la verdad, vale más vivir de recuerdos que de esperanzas. Al fin, ellos fueron y de éstas no se sabe si serán.