—No, no, recuerdos, no!

—En todo caso, hablemos de nuestros hijos, que son nuestras esperanzas.

—Eso sí!

—De ellos y no de nosotros, de ellos, de nuestros hijos...

—Él tendrá en ti un maestro y un padre...

—Sí, pienso dejarle mi clientela, es decir, la que quiera tomarlo, que ya la he preparado para eso. Le ayudaré en los casos graves.

—Gracias, gracias.

—Eso además de la dote que doy a Joaquina. Pero vivirán conmigo.

—Eso me ha dicho mi hijo. Yo, sin embargo, creo que deben poner casa; el casado, casa quiere.

—No, no puedo separarme de mi hija.