—No me hables de él, por favor. Qué pelma!

—Pues de él he de hablarte.

—Entonces me marcho...

—No, y oye. Está muy mal lo que estás haciendo con ese chico.

—¡Ah! ¿Pero ahora vienes a abogar por él? Es esto del retrato un achaque.

—Mira, Helena, no está bien que estés así, jugando con tu primo. El es algo, vamos, algo...

—Sí, insoportable!

—No, él es reconcentrado, altivo por dentro, terco, lleno de sí mismo, pero es bueno, honrado a carta cabal, inteligente, le espera un brillante porvenir en su carrera, te quiere con delirio...

—Y si a pesar de todo eso no le quiero yo?