—Sí, lo comprendo, no me creas un demente o un furioso; lo comprendo, está bien, que seáis felices... Yo no lo podré ser ya...
—Pero, Joaquín, por Dios, por lo que más quieras...
—Basta y no hablemos más de ello. Haz feliz a Helena y que ella te haga feliz... Os he perdonado ya...
—De veras?
—Sí, de veras. Quiero perdonaros. Me buscaré mi vida.
—Entonces me atrevo a convidarte a la boda, en mi nombre...
—Y en el de ella, eh?
—Sí, en el de ella también.
—Lo comprendo. Iré a realzar vuestra dicha. Iré.