—Sí, te he entendido, una mujer que te quiera, sí!

—Porque como partido...

—Sí, sin duda eres un buen partido... joven, no pobre, con una buena carrera, empezando a tener fama, bueno...

—Bueno... sí, y antipático, no es eso?

—No, hombre, no; tú no eres antipático!

—Ay, Helena, Helena, dónde encontraré una mujer...

—Que te quiera?

—No, sino que no me engañe, que me diga la verdad, que no se burle de mí, Helena, que no se burle de mí...! Que se case conmigo por desesperación, porque yo la mantenga, pero que me lo diga...

—Bien has dicho que estás enfermo, Joaquín. Cásate!