—Vamos, sí, que da dinero.
—A otro perro con ese hueso, Abel. Te conozco desde que nacimos casi. A mí no me la das. Te conozco.
—Y he pretendido nunca engañarte?
—No, pero tú engañas sin pretenderlo. Con ese aire de no importarte nada, de tomar la vida en juego, de dársete un comino de todo, eres un terrible ambicioso...
—Ambicioso yo?
—Sí, ambicioso de gloria, de fama, de renombre... Lo fuiste siempre, de nacimiento. Sólo que solapadamente.
—Pero ven acá, Joaquín, y dime: te disputé nunca tus premios? no fuiste tú siempre el primero en clase? el chico que promete?
—Sí, pero el gallito, el niño mimado de los compañeros tú...
—Y qué iba yo a hacerle...?