—Me querrás hacer creer que no buscabas esa especie de popularidad...?

—Haberla buscado tú...

—Yo? yo? Desprecio a la masa!

—Bueno, bueno, déjame de esas tonterías y cúrate de ellas. Mejor será que me hables otra vez de tu novia.

—Novia?

—Bueno, de esa tu primita que quieres que lo sea.

Porque Joaquín estaba queriendo forzar el corazón de su prima Helena y había puesto en su empeño amoroso todo el ahinco de su ánimo reconcentrado y suspicaz. Y sus desahogos, los inevitables y saludables desahogos de enamorado en lucha, eran con su amigo Abel.

Y lo que Helena le hacía sufrir!

—Cada vez la entiendo menos—solía decirle a Abel.—Esa muchacha es para mí una esfinge...