—Ya sabes lo que decía Oscar Wilde, o quien fuese, que toda mujer es una esfinge sin secreto.

—Pues Helena parece tenerlo. Debe de querer a otro, aunque éste no lo sepa. Estoy seguro de que quiere a otro.

—Y por qué?

—De otro modo no me explico su actitud conmigo...

—Es decir, que porque no quiere quererte a ti... quererte para novio, que como primo sí te querrá...

—¡No te burles!

—Bueno, pues porque no quiere quererte para novio, o más claro, para marido, tiene que estar enamorada de otro? Bonita lógica!

—Yo me entiendo!

—Sí, y también yo te entiendo.

—Tú?