—Hay que hacer un esfuerzo... para eso el hombre es libre...
—No creo en el libre albedrío, padre. Soy médico.
—Pero...
—Qué hice yo para que Dios me hiciese así, rencoroso, envidioso, malo? Qué mala sangre me legó mi padre?
—Hijo mío... hijo mío...
—No, no creo en la libertad humana, y el que no cree en la libertad no es libre. No, no lo soy! Ser libre es creer serlo!
—Es usted malo porque desconfía de Dios.
—El desconfiar de Dios es maldad, padre?
—No quiero decir eso, sino que la mala pasión de usted proviene de que desconfía de Dios...