—El hombre es un misterio—dijo León Gómez.
—Hombre, no digas sandeces!—le replicó Federico.
—Sandez, por qué?
—Toda sentencia filosófica, así, todo axioma, toda proposición general y solemne, enunciada aforísticamente, es una sandez.
—Y la filosofía, entonces?
—No hay más filosofía que ésta, la que hacemos aquí...
—Sí, desollar al prójimo.
—Exacto. Nunca está mejor que desollado.
Al levantarse la tertulia, Federico se acercó a Joaquín a preguntarle si se iba a su casa, pues gustaría de acompañarle un rato, y al decirle éste que no, que iba a hacer una visita allí, al lado, aquél le dijo:
—Sí, te comprendo; eso de la visita es un achaque. Lo que tú quieres es verte solo. Lo comprendo.