Así á la vez que alargo este epílogo dejo colgada esta historia para poder añadirle una segunda parte, si es que la primera gusta y encuentra buena acogida.


Aquí queda en suspenso este epílogo en espera de la contestación que obtenga una carta que he dirigido hoy mismo á Barcelona preguntando de cuántas cuartillas consta el manuscrito—prólogo y logo—pues sabiendo que son 272 las páginas que el editor quiere llenar, que lo ya remitido no hace más que 219 y que falta, por lo tanto, original para 53 páginas, tengo ya trazada la proporción para hallar el número x, de cuartillas de que este epílogo debe constar, llamando n al número de las que constituyen el manuscrito que obra en manos del editor. La proporción es

219 : 53 :: 281n : x

de donde x = 281 × 53 / 219 = 67 cuartillas. Y no sigo porque me parece que ya estoy abusando.

Y á propósito; paseando esta tarde, como de costumbre, con un amigo mío médico y publicista, le he leído este epílogo, cuya historia conoce y al punto por una naturalísima asociación de ideas le ha venido á las mientes el soneto aquel famosísimo de Lope de Vega que empieza:

Un soneto me manda hacer Violante;

Yo en mi vida me he visto en tal aprieto.

Cuando concluya este epílogo, en vista de lo que me contesten, le pondré como remate ó contera el tercer verso del segundo terceto del soneto.