Vese, pues, que la perfección se adquiere á costa de personalidad, y que cuanto más perfecto ó arquetípico es un ser, tanto menos personal es, y veamos por aquí, mirándonos en las pajaritas como en espejo, si nos conviene aspirar al sobre-hombre, al hombre inscribible en óvulo perfecto, y si para lograr semejante perfección hemos de renunciar á nuestra personalidad cada uno. Cierto es que se nos ha dicho que seamos perfectos como nuestro Padre celestial, pero esto es como un término inaccesible á que debemos tender.

Y en último caso, sí, renunciemos á nuestra personalidad en aras de la perfección y aspiremos á ser semejantes, real y verdaderamente semejantes, perfectos, y á fundirnos en el arquetipo. Porque si es Dios, como algunos sostienen, mi proyección al infinito, como nuestras vidas paralelas en el infinito se encuentran y en el infinito coincide mi proyección con la tuya y con la del otro y la de el de más allá y las de todos, es una sola la proyección allí, es Dios el lugar en que nuestros yos todos se identifican y confunden y perfeccionan. Es, pues, el Yo colectivo, el Yo universal, el Yo-Todo.

Y dígaseme ahora que la cocotología no es una ciencia importantísima y que abre vastísimos horizontes á la mente humana llevándola á espléndidas contemplaciones.

Después de haber desarrollado debidamente estos tan importantes problemas que la cocotología plantea, convendrá que me fije en las partes que la pajarita vista en proyección lateral nos ofrece, y que son, como se ve en la figura adjunta, ocho, dos en la cabeza, tres en la pata y tres en la cola, pues la pajarita no consta al exterior más que de cabeza, patas y cola. Las dos partes de la cabeza son respectivamente protocéfalo ó cabeza anterior (núm. 1), metacéfalo ó cabeza posterior (núm. 2); las tres de la pata son: protópodo (núm. 3), mesópodo (núm. 4) y metápodo (núm. 5), y las tres de la cola: protocerco (núm. 6), mesocerco (núm. 7) y metacerco (núm. 8). Todas ocho partes son triangulares y de triángulos iguales, triángulos rectángulos isóceles, siendo por consiguiente la pajarita un ser esencial y eminentemente triangular, un ser triánguli-rectánguli-isocélico.

Y aquí tenemos una nueva, admirable, providencial y teleológica armonía al ver la perfección suma de nuestra pajarita, compuesta como de primeros elementos ó células de sesenta y cuatro triángulos rectángulos isóceles, tal y como se ve en la adjunta figura en que están marcados aquellos dieciséis que forman la parte exterior de la pájara bien plegada.

Y aquí tenemos como lo anatómico surge de lo histológico, lo macroscópico de lo microscópico, y como todo ser depende en cuanto á su organización y forma de los elementos primarios que le constituyen.

Sabido es, en efecto, que la diferencia entre la célula vegetal y la animal, encerrada aquélla entre duras paredes y como anquilosada y presa entre ellas y más libre la célula animal, á modo de ameba—el glóbulo de la sangre nos ofrece un caso de célula animal libre—sabido es, digo, como tal diferencia es lo que principalmente condiciona las diferencias de estructura que entre el vegetal y el animal existen. Del elemento primario arranca la fábrica toda de un ser.