Exclamación que cae como un bólido en sus meditaciones.

—No, hombre, no; no puedes querer eso... te equivocas, hijo mío... ¿Quién te ha enseñado eso? ¿quién te ha dicho que quieres ser general? ¡Ah, sí! ¿porque has visto hoy pasar la tropa? No, Apolodoro, no; mi hijo no puede querer eso... interpretas mal tus propios sentimientos... La sociedad va saliendo del tipo militante para entrar en el industrial, como enseña Spencer; fíjate bien en este nombre, hijo mío, Spencer, ¿lo oyes? Spencer, no importa que no sepas aún quién es, con tal que te quede el nombre, Spencer, repítelo, Spencer...

—Spencer...

—¡Así... así! no, no puedes querer eso...

—¡Sí, papá, quiero ser general!

—¿Y si te dan un tiro en la guerra, hijo mío?—insinúa dulcemente Marina desde el fondo de su sueño.

Mira Carrascal á su mujer y á su hijo, baja la cabeza y dice: «¡dejarle! ¡dejarle! que le deje... pero ese hombre... ese hombre... ¡Hay que proceder con energía!»


VI