«Este hombre... este hombre...»—le dice el demonio familiar:—«Ten ojo con este hombre, Avito.»

Vuelve don Fulgencio á la carga para que envíe al hijo á la escuela, encargando que no le enseñen nada.

—Pero si el ensayo...

—El ensayo no ha sido malo, diga usted lo que quiera.

—Pero si allí no le han enseñado más que disparates...

—De esos supuestos disparates surgirá la luz.

—Pero si mi hijo tiene tendencias mitológicas y en la escuela en vez de combatírselas se las corroboran.

—¿Tendencias mitológicas?

—Sí, tendencias mitológicas. Un día me salió diciendo que ya sabe quién enciende el sol, que es el solero, y al preguntarle yo cómo sube, me contestó que volando...