—Entonces no sé si debo... porque el método...

—¡Oh, sí, sí, don Avito, sí! ¡qué teorías! ¡qué teorías!

—Pues es el caso que cogen un huevecillo cualquiera de hembra, uno cualquiera, uno como los demás, fíjese bien en esto, Sinforiano, un vulgar huevecillo de hembra, y mediante un trato especial y régimen de distinción, alimentando á la larva con pasta real ó regia, mediante una acertada pedagogía abejil, ó, si hemos de hablar técnicamente, melisagogía, sacan de él la reina...

—¡Qué teorías! ¡oh, qué teorías!

—No, amigo Sinforiano, no; son hechos. Y lo que hacen las abejas con sus larvas, ¿por qué no hemos de hacer con nuestros hijos los hombres? Tómese un niño, un niño cualquiera, con tal que sea niño y no niña...

—Me permite usted, don Avito—y ante el silencio del teorizante, prosigue Sinforiano:—¿por qué ha de ser precisamente niño?

—¿Y por qué ha de salir la reina precisamente de hembra? En la especie humana el genio ha de ser por fuerza masculino.

—¡Qué teorías!

—Tómese un niño cualquiera, digo, tómesele desde su estado embrionario, aplíquesele la pedagogía sociológica y saldrá un genio. El genio se hace, diga el refrán lo que quiera; sí, se hace... se hace... y ¿qué no se hace? Y lo demostraré...