—Tía de tus hijos, Rosa.

—¡Eh, qué cosas tienes!—y se le quebró la voz.

—Vamos, Rosita, no te pongas así, y perdóname—le dijo dándole un beso.

—Pero si vuelves...

—¡No, no volveré!

—Y bien, ¿qué le digo?

—¡Dile que sí!

—Pero pensará que soy demasiado fácil...

—¡Entonces dile que no!

—Pero es que...