—Cálmese, señora, por Dios, cálmese... y deseche esas aprensiones... esas tentaciones del Demonio, se lo he dicho cien veces... Sea la que es... la tía Tula que todos conocemos y veneramos y admiramos...; sí, admiramos...

—¡No, padre, no! ¡Usted lo sabe! Por dentro soy otra...

—Pero hay que ocultarlo...

—Sí, hay que ocultarlo, sí; pero hay días en que siento ganas de reunir a sus hijos, a mis hijos...

—¡Sí, suyos, de usted!

—¡Sí, yo madre, como usted... padre!

—Deje eso, señora, deje eso...

—Sí, reunirles y decirles que toda mi vida ha sido una mentira, una equivocación, un fracaso...

—Usted se calumnia, señora. Esa no es usted, usted es la otra... la que todos conocemos... la tía Tula...