—Pero las muchachas deben vivir...
—¿Para qué...?
—Pues... para vivir... para casarse... para criar familia...
—Pues tú no te casaste, mamita...
—No, yo no me casé; pero como si me hubiese casado... Y tú tienes que vivir para cuidar de tu hermano...
—Es verdad... de mi hermano... de mis hermanos...
—Sí, de todos ellos...
—Pero si dicen, mamita, que yo no sirvo para nada...
—¿Y quién dice eso, hija mía?
—No, no lo dicen... no lo dicen... pero lo piensan...