—Porque ésta vendrá a contarme los secretos de su novio, ¿verdad, Elvira?, y yo le contaré, ¡claro está!, los de mi novia...

—Sí, sí...—exclamó Elvira a punto de palmotear.

—Y os reiréis uno y otro del otro novio y de la otra novia, ¿no es así?... ¡qué bonito!

—Bueno, ¿y qué diría a esto la Tía?—preguntó Elvira mirándole a Manolita a los ojos.

—Diría que no se debe jugar con las cosas santas y que sois unos chiquillos...

—Pues no repitas con la Tía—le arguyó Enrique—aquello del Evangelio de que hay que hacerse niño para entrar en el reino de los cielos...

—¡Niño, sí! ¡Chiquillo, no!

—¿Y en qué se le distingue al niño del chiquillo...?

—¿En qué? En la manera de jugar.

—¿Cómo juega el chiquillo?