—¿Y qué más da, si yo apenas conozco a nadie? A ti qué te parece de él, contesta.
—Pues tampoco yo le conozco.
—¿Pero no sabes quién es, tú?
—Sí, sé cómo se llama y de qué familia es y...
—¡Basta! ¿Qué te parece?
—Que es un buen partido para Rosa y que se querrán.
—¿Pero es que no se quieren ya?
—¿Pero cree usted, tío, que pueden empezar queriéndose?
—Pues así dicen, chiquilla, y hasta que eso viene como un rayo...
—Son decires, tío.