—Yo lo único que digo ahora, hija, es que es muy natural que su cuñado, viudo y joven y fuerte, quiera volver a casarse, y más natural, y hasta santo, que busque otra madre para sus hijos...

—¿Otra? ¡Ya la tiene!

—Sí; pero... y si ésta se va...

—¿Irme? ¿Yo? Estoy tan obligada a esos niños como estaría su madre de carne y sangre si viviese...

—Y luego eso da que hablar...

—De lo que hablen, padre, ya le he dicho que nada se me da...

—¿Y si lo hiciese precisamente por eso, porque hablen? Examínese y mire si no entra en ello un deseo de afrontar las preocupaciones ajenas, de desafiar la opinión pública...

—Y si así fuese, ¿qué?

—Que eso sí que es pecaminoso. Y después de todo, la cuestión es otra...