—¿Cuál es la cuestión?
—La cuestión es si usted le quiere o no. Esta es la cuestión. ¿Le quiere usted, sí o no?
—¡Para marido... no!
—¿Pero le rechaza?
—¡Rechazarle... no!
—Si cuando se dirigió a su hermana, la difunta, se hubiera dirigido a usted...
—¡Padre! ¡Padre!—y su voz gemía.
—Sí, por ahí hay que verlo...
—¡Padre; que eso no es pecado...!
—Pero ahora se trata de dirección espiritual, de tomar consejo... Y sí, es pecado, es acaso pecado... Tal vez hay aquí unos viejos celos...