—No, porque aunque vive aquí ésta no es su casa...
—¿Y cuál es su casa?
—¿Su casa? No lo quieras saber. ¿Y por qué preguntas eso?
—Porque le he visto a papá que la estaba besando...
Aquella noche, luego que hubieron acostado a los niños, dijo Gertrudis a Ramiro:
—Tenemos que hablar.
—Pero si aun faltan ocho meses...
—¿Ocho meses?
—¿No hace cuatro que me diste un año de plazo?
—No se trata de eso, hombre, sino de algo más serio.