—Me parece que no dudarás ni un momento...
—¡Pero eso que pretendes es una locura, Gertrudis!
—La locura, peor que locura, la infamia, sería lo que pensabas.
—Consúltalo siquiera con el padre Alvarez.
—No lo necesito. Lo he consultado con Rosa.
—Pero si ella te dijo que no dieses madrasta a sus hijos...
—¿A sus hijos? ¡Y tuyos!
—Bueno, sí, a nuestros hijos...
—Y no les daré madrasta. De ellos, de los nuestros, seguiré siendo yo la madre, pero del de ésa...