—Sí, ahora que ha roto la guerra con el otro, ¿no es eso? Antes era yo el otro; ahora soy el uno, ¿no es eso? Ahora se trata de pescarme, ¿eh?
—Pero ¡si no he dicho tal cosa...!
—No, pero lo adivino.
—Pues se equivoca usted de medio a medio. Porque precisamente después de haberme mi sobrina dicho todo lo que acabo de repetirle a usted, al insinuarle yo y aconsejarle que pues ha reñido con el gandul de su novio procurase ganar a usted como tal, vamos, usted me entiende...
—Sí, que me reconquistase...
—¡Eso! Pues bien, al aconsejarle esto, me dijo una y cien veces que eso no y que no y que no; que le estimaba y apreciaba a usted para amigo y como tal, pero que no le gustaba como marido, que no quería casarse sino con un hombre de quien estuviese enamorada...
—Y que de mí no podrá llegar a estarlo, ¿no es eso?
—No, tanto como eso no dijo...
—Vamos, sí, que esto también es diplomacia...
—¿Cómo?