—Sí, sé lo que te ha pasado por fuera, es decir, lo que ha hecho ella; lo que no sé es lo que te pasa por dentro, es decir, no sé por qué estás así...

—¡Parece imposible!

—Se te ha ido un amor, el de a; ¿no te queda el de b, o el de c, o el de x, o el de otra cualquiera de las n?

—No es la ocasión para bromas, creo.

—Al contrario, ésta es la ocasión de bromas.

—Es que no me duele en el amor; ¡es la burla, la burla, la burla! Se han burlado de mí, me han escarnecido, me han puesto en ridículo; han querido demostrarme... ¿qué sé yo?... que no existo.

—¡Qué felicidad!

—No te burles, Víctor.

—Y ¿por qué no me he de burlar? Tú, querido Augusto, fuiste de experimentador y has sido experimentado; la quisiste tomar de rana y es ella la que te ha tomado de rana a ti. ¡Chapúzate, pues, en la charca y a croar y a vivir!

—Te ruego otra vez...