—¡Y yo contigo!
—¿Y el niño, Alejandro?
—Que se muera también. ¿Para qué le quiero sin ti?
—Por Dios, por Dios, Alejandro, que estás loco...
—Sí, yo, yo soy el loco, yo el que estuve siempre loco..., loco de ti, Julia, loco por ti... Yo, yo el loco. ¡Y mátame, llévame contigo!
—Si pudiera...
—Pero no, mátame y vive, y sé tuya...
—¿Y tú?
—¿Yo? ¡Si no puedo ser tuyo, de la muerte!
Y la apretaba más y más, queriendo retenerla.