Don Juan.—Y dice que debemos intimar más, ya que vivimos tan cerca, tan cerquita, casi al lado...
Raquel.—Es su táctica para sustituirme. Quiere que nos veas a menudo juntas, que compares...
Don Juan.—Yo creo otra cosa...
Raquel.—¿Qué?
Don Juan.—Que está prendada de ti, que la subyugas...
Raquel dobló al suelo la cara, que se le puso de repente intensamente pálida, y se llevó las manos al pecho, atravesado por una estocada de ahogo. Y dijo:
Raquel.—Lo que hace falta es que todo ello fructifique...
Como Juan se le acercara en busca del beso de despedida—beso húmedo y largo y de toda la boca otras veces—, la viuda le rechazó diciéndole:
Raquel.—No, ¡ahora ya no! Ni quiero que se lo lleves a ella ni quiero quitárselo.
Don Juan.—¿Celos?