Berta.—¡Sí, sí, Raquel, sí, hábleme así!

Raquel.—No podía sacrificarle así a mi egoísmo. ¡Lo que yo no he logrado, que lo logre él!

Berta.—¡Oh, gracias, gracias!

Raquel.—¿Gracias? ¡Gracias, no! ¡Lo he hecho por él!

Berta.—Pues por haberlo hecho por él... ¡gracias!

Raquel.—¡Ah!

Berta.—¿Le choca?

Raquel.—No, no me choca; pero ya irá usted aprendiendo...

Berta.—¿A qué? ¿A fingir?

Raquel.—¡No; a ser sincera!