Berta.—¡Y lo seré!
Raquel.—¡Gracias a Dios! ¿No le pregunté si venía acá a buscar la voluntad de Juan? ¡Pues la voluntad de Juan, de nuestro hombre, es ésa, es hacerse padre!
Berta.—¿La suya?
Raquel.—Sí, la suya. ¡La suya, porque es la mía!
Berta.—Ahora más que nunca admiro su generosidad...
Raquel.—¿Generosidad? No, no... Y cuenten siempre con mi firme amistad, que aún puede serles útil...
Berta.—No lo dudo...
Y al despedirle, acompañándole hasta la puerta, le dijo:
Raquel.—Ah, diga usted a sus padres que tengo que ir a verlos...
Berta.—¿A mis padres?